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domingo, 25 de marzo de 2012

Los naturalistas presocráticos: selección de vocabulario

LOS NATURALISTAS PRESOCRÁTICOS: SELECCIÓN DE VOCABULARIO
por
Peredur

Ápeiron: Infinito; ilimitado. En Anaximandro, la sustancia ilimitada e indeterminada de la que todo procede.
Arché: Origen y fundamento de las cosas existentes.
Átomo: Literalmente, indivisible. En los atomistas, cada uno de los corpúsculos o partículas indivisibles que conforman el mundo y que son diferentes entre sí por razón de su forma, tamaño y posición.
Corrupción: Destrucción de un ser existente; a partir de Empédocles, separación de los elementos inmutables que lo componen.
Cosmogonía: Proceso de formación del cosmos.
Cosmología: Explicación mítica o racional de la estructura del cosmos.
Cosmos: Mundo, universo; pero también, el orden armónico del universo.
Devenir: En Heráclito, fluir constante de la realidad, el cual niega la existencia de cualquier sustancia o ser inmutable.
Física: Explicación racional tanto del proceso de surgimiento y desarrollo de la cosas existentes como de la realidad última de lo que percibimos.
Generación: Nacimiento o llegada a la existencia de un ser; a partir de Empédocles, agrupación de los elementos inmutables que habrán de componerlo.
Harmonía: En los pitagóricos, la manifestación del ordenamiento numérico y geométrico del cosmos.
Lógos: En Heráclito, elemento cósmico primario e ígneo que se halla presente en todas las cosas y del cual se componen las almas humanas; razón común.
Mecanicismo: Explicación de la interactuación de los componentes materiales del mundo a través de factores puramente mecánicos, como los de un reloj.
Mundo de la experiencia: El mundo que constatamos a través de los sentidos.
Naturaleza: Traducción de origen latino del término griego phýsis.
Noûs: En Anaxágoras, Mente, Espíritu, principio motor y rector del cosmos.
Ón / ónta: Las cosas existentes; las realidades que constatamos a través de los sentidos; los entes. [~> ontología].
Phýsis: a) Proceso de surgimiento y desarrollo de las cosas existentes; y b) la realidad subyacente al mundo que percibimos a través de los sentidos.
Principio formal: Esencia incorpórea existente por sí misma y de naturaleza intelectual de la cual proceden y se componen en último término las cosas existentes.
Principio material: Sustancia corpórea existente por sí misma de la cual proceden y se componen en último término las cosas existentes.
Ser: En Parménides, lo existente; lo que pudiendo ser concebido y pensado, es y existe.
Spérmata: En Anaxágoras, las semillas infinitas en número e infinitamente divisibles que contienen infinitas porciones de todas las cosas.
Sustancia: Principio material.
Teleología: Explicación de la phýsis como si en ésta el desarrollo de los acontecimientos respondiera a un plan preconcebido.
Tetractýs: En los pitagóricos, los cuatro primeros números (1, 2, 3, 4) cuya suma da como resultado la década (10); el símbolo de la armonía del cosmos.

Rubens, Heráclito y Demócrito (1603).

lunes, 28 de noviembre de 2011

Los atomistas: Leucipo de Mileto y Demócrito de Abdera

LOS ATOMISTAS: LEUCIPO DE MILETO Y DEMÓCRITO DE ABDERA
por
Peredur

El escaso número de referencias sobre la vida de Leucipo nos impide afirmar con seguridad cuál fue su patria originaria. Tal es la oscuridad que rodea su figura que algunos pensadores posteriores, como Epicuro, dudaron de su existencia. Sí podemos decir, sin embargo, que él fue el inventor del atomismo y que, además, era de mayor edad que Demócrito, su principal seguidor. Sea como fuere, ambos desarrollaron su actividad intelectual durante la segunda mitad del siglo V a.C., y a ambos, indistintamente, nos remitiremos cuando hablemos de las características del atomismo.

El mejor modo de exponer el atomismo de Leucipo y Demócrito es compararlo con el pluralismo de Anaxágoras.

De las semillas infinitamente divisibles de Anaxágoras a los átomos indivisibles de Leucipo y Demócrito.

Si Anaxágoras propugnaba como elemento último de la realidad una pluralidad infinita de semillas infinitamente divisibles y diferentes entre sí en función del predominio de uno u otro de sus componentes, los atomistas, en cambio, consideran que el fundamento de la realidad consiste en una pluralidad infinita de corpúsculos indivisibles (átomos) tan sólo diferentes entre sí por razón de su forma, tamaño y posición.

Sin vacío no puede haber movimiento ni pluralidad.

Si Empédocles y Anaxágoras, influidos por la doctrina de Parménides, habían descartado el vacío para sus sistemas pluralistas, pues consideraban a éste inexistente e inconcebible, los atomistas, en cambio, van a hacer de la existencia del vacío un elemento absolutamente necesario e imprescindible para todo pluralismo. Sin vacío, consideran éstos, no podría darse la pluralidad, pues, en caso contrario, ¿qué separaría un cuerpo de otro? Pero tampoco existiría el movimiento, pues, en su desplazamiento, ¿qué espació ocuparían los cuerpos? Así, pues, para los atomistas el vacío debe concebirse como existente, pues sin él habría que negar tanto la pluralidad como el movimiento que constatan lo sentidos.

El movimiento azaroso de los átomos y la formación del kósmos.

Es de destacar que los atomistas no hagan uso de contenidos teleológicos en su cosmogonía a la manera del Noûs de Anaxágoras. En efecto, para Leucipo y Demócrito los átomos se mueven por naturaleza de manera errática y azarosa, colisionando unos con otros y provocando con ello, a partir de factores puramente cuantitativos, la formación o separación de aquello que nos constatan los sentidos.

Textos 
«Éstos [Leucipo, Demócrito y Epicuro] decían que los primeros principios eran infinitos en número y creían que eran átomos indivisibles e impasibles debido a su naturaleza compacta y su carencia de vacío; afirmaban que su divisibilidad les venía del vacío existente en los cuerpos compuestos»; [Simplicio, De caelo, 242, 18].
«Pero Leucipo creyó tener argumentos concordantes con la percepción sensorial y que no hacen desaparecer el nacimiento, la destrucción, el movimiento o la pluralidad de los entes. Concuerda con las apariencias en este aspecto, pero a los que sostienen la unidad les concede que no habría movimiento sin vacío y que el vacío es no-ser y que ninguna parte de lo que es es no-ser, porque lo que es en sentido estricto está completamente lleno. Pero un ser así, dice, no es uno; hay un número infinito y son invisibles a causa de la pequeñez de sus partículas. Se mueven en el vacío (pues el vacío existe) y cuando se juntan, originan la llegada al ser y, cuando se separan, causan la destrucción»; [Aristóteles, De generatione et corruptione, 325 a 2].
«[...] estos átomos se mueven en el vacío infinito, separados unos de otros y diferentes entre sí en figura, tamaño, posición y orden; al encontrarse unos con otros colisionan y  algunos son expulsados mediante sacudidas al azar en cualquier dirección, mientras que otros, entrelazándose mutuamente en consonancia con la congruencia de sus figuras, tamaños, posiciones y ordenamientos, se mantienen unidos y así originan el nacimiento de los cuerpos compuestos»; [Simplicio, De caelo, 242, 21].
El atomismo de Leucipo y demócrito

sábado, 5 de noviembre de 2011

Del mito a la pregunta por la phýsis en los naturalistas presocráticos

DEL MITO A LA PREGUNTA POR LA PHÝSIS EN LOS NATURALISTAS PRESOCRÁTICOS
por
Peredur

La historia de la filosofía considera a los naturalistas presocráticos como los primeros filósofos, pues en ellos se localiza el primer intento de explicar la realidad sin recurrir a las tradiciones mitológicas imperantes. Para estos pensadores el mundo ya no podía definirse en función de lo que se narraba en los relatos mitológicos, de ahí que para explicarlo recurrieran a la phýsis.  Este término, que suele ser traducido por nosotros como ‘naturaleza’, posee entre los naturalistas presocráticos un doble significado. Por un lado, la phýsis es para éstos el proceso de surgimiento y desarrollo de las cosas existentes (tà ónta), pero, por otro, se trata también de la realidad que subyace bajo el mundo que percibimos a través de los sentidos. Es por ello que la pregunta originaria de la filosofía, la pregunta por la phýsis, se desplazó rápidamente hacia la pregunta por el arché, esto es, la pregunta por el origen y fundamento de la realidad.

Cuadro: Del mito a la pregunta por la phýsis

jueves, 3 de noviembre de 2011

Anaxágoras de Clazomene

ANAXÁGORAS DE CLAZOMENE
por
Peredur

Anaxágoras nació en Clazomene, ciudad de la costa jónica, hacia el año 500 a.C. Aunque nació apenas unos años antes que Empédocles, su desarrollo intelectual, sin embargo, parece que fue posterior al de este último. Siendo todavía muy joven, Anaxágoras se trasladó a Atenas, ciudad en la que introdujo la preocupación por la teoría física que hasta el momento sólo había florecido en Jonia y en el sur de la península Itálica. Atenas, sin embargo, no supo estar a su altura intelectual y le acusó de ateísmo e impiedad religiosa, lo que le llevó a huir y abandonar la ciudad.

Teoría física.

A) Del Ser-Uno de Parménides a la pluralidad del Ser de Anaxágoras.

Al igual que Empédocles, Anaxágoras también acepta de Parménides la imposibilidad de la generación y la corrupción. Por ello, para evitar que su teoría física entre en conflicto con el mundo de la experiencia, Anaxágoras no puede aceptar la unidad del Ser, pues si este fuera uno y único entonces se tendría que admitir que la pluralidad y el movimiento que pueden ser constatados a través de los sentidos son en realidad aparentes, ficticios. Así, pues, siguiendo a Empédocles, Anaxágoras también postula la pluralidad como fundamento originario de la phýsis.

B) De la pluralidad limitada de Empédocles a la pluralidad infinita de Anaxágoras.

Pero Anaxágoras tampoco puede aceptar la pluralidad limitada y definida que propone Empédocles, pues en ese caso habría que aceptar el paso del ser al no-ser y del no-ser al ser, que es lo que sucede, según aquél, cuando a partir de los cuatro elementos (tierra, agua, aire y fuego) se forman el resto de cosas particulares, como el cabello o la carne, que componen el universo. Para evitar que algo llegue a ser lo que antes no era, Anaxágoras va a postular una pluralidad de principios, no ya limitada, como Empédocles, sino infinita; una pluralidad de principios presente ya en todas y cada una de las cosas.

C) Cada cuerpo del universo se compone de infinitas semillas que contienen infinitas porciones de todas las cosas existentes, pues son infinitamente divisibles.

Como ya hemos dicho, para evitar que algo llegue a ser lo que antes no era, Anaxágoras considera que el universo está formado por una pluralidad de infinitos corpúsculos a los que denominas “semillas” (spérmata). Estas semillas no sólo son infinitas en número, pues, además, también son infinitamente divisibles, ya que cada una de ellas está formada por infinitas porciones (moîrai) de todas las cosas existentes; porciones que, por lo demás, son inseparables de la propia semilla. Con ello Anaxágoras consigue que en cada cuerpo estén presentes todas las sustancias que componen el universo y, por lo tanto, elimina la posibilidad de que cualquier cosa llegue al ser.

Cosmogonía y teleología: el Noûs.

De acuerdo con Anaxágoras, en un principio todas las semillas existentes estaban unidas en perfecta mezcla. Surgió entonces un movimiento de torbellino que, al aplicar sobre ellas lo que hoy denominamos fuerza centrífuga, comenzó a separar la mezcla haciendo que las semillas se agruparan por semejanza y por densidad. Así, las semillas en cuya composición existía mayor predominio de componentes densos y pesados comenzaron a agruparse con semillas semejantes y se fueron desplazando hacia el centro del remolino, mientras que las semillas con predominio de elementos ligeros se fueron agrupando en la periferia siempre de acuerdo con principios mecánicos. El kósmos, por lo tanto, es el resultado de la acción centrífuga del torbellino.

Ahora bien, ¿de dónde surge éste último? ¿Qué fue lo que dio lugar al torbellino? Anaxágoras considera que, desde el principio, junto con la totalidad de las semillas, aunque sin mezclarse con ellas, existía un componente físico extremadamente sutil al que denomina Noûs. Este término puede ser traducido como Mente o Espíritu, y, de hecho, de él dice Anaxágoras que, gobernando la mezcla, la puso en movimiento a través del torbellino. Ciertamente, el papel del Noûs en la formación del mundo es muy reducido, pues tan sólo se limita a poner en movimiento la mezcla dejando el proceso ulterior en manos de factores mecánicos. Sin embargo, esta acción inicial descubre en el kósmos la presencia de un plan preconcebido por el Noûs conforme al cual debe ordenarse la naturaleza, lo que convierte a Anaxágoras, en oposición a Empédocles y los atomistas, en un pensador teleológico.

Textos
«Los griegos no juzgan rectamente cuando admiten el nacimiento y la destrucción; pues ninguna cosa nace ni perece, sino que se compone y se disuelve a partir de las existentes. Y, en consecuencia, deberían llamar, con toda justeza, al nacer composición y al perecer disolución»; [Simplicio, Física, 163, 20].
«Siendo estas cosas así, debemos suponer que hay muchas cosas de todo tipo en cada cosa que está uniendo, semillas de todas las cosas bajo toda clase de formas, colores y gustos»; [Simplicio, Física, 34, 29.].
«Todas las demás cosas tienen una porción de todo, pero la Mente es infinita, autónoma y no está mezclada con ninguna, sino que ella sola es por sí misma. Pues, si no fuera por sí misma, sino que, si estuviera mezclada con alguna otra cosa, participaría de todas las demás, pues en cada cosa hay una porción de todo, como antes dije; las cosas mezcladas con ella le impedirían que pudiera gobernar ninguna de ellas del modo que lo hace al ser ella sola por sí misma. Es, en efecto, la más sutil y la más pura de todas; tiene el conocimiento todo sobre cada cosa y el máximo poder. La Mente gobierna todas las cosas que tienen vida, tanto las más grandes como las más pequeñas. La Mente gobernó también toda la rotación, de tal manera que comenzó a girar en el comienzo. Empezó a girar primeramente a partir de un área pequeña, ahora gira sobre una mayor y girará sobre otra aún mayor. Conoce todas las cosas mezcladas, separadas y divididas. La Mente ordenó todas cuantas cosas iban a ser, todas cuantas fueron y ahora no son, todas cuantas ahora son y cuantas serán, incluso esta rotación en que ahora giran las estrellas, el sol y la luna, el aire y el éter que están siendo separados. Esta rotación los hizo separarse. Lo denso se separa de lo raro, lo cálido de lo frío, lo brillante de lo tenebroso y lo seco de lo húmedo. Hay muchas porciones de muchas cosas, pero ninguna está separada ni dividida completamente de la otra salvo la Mente. La Mente es toda semejante, tanto es sus partes más grandes como en las más pequeñas, mientras que ninguna otra cosa es semejante a ninguna otra, sino que cada cuerpo singular es y fue más manifiestamente aquello de lo que más contiene»; [Simplicio, Física, 164, 24; 156, 13].

Cuadro comparativo: Anaxágoras de Clazomene y los atomistas

miércoles, 26 de octubre de 2011

Empédocles de Agrigento

─ APUNTES PARA EL BACHILLERATO ─
EMPÉDOCLES DE AGRIGENTO
por
Raúl le Locataire

Empédocles de Agrigento nació poco después del año 500 a.C. y murió en torno al 435. Su actividad intelectual ocupa, pues, la parte central del siglo V a.C. A pesar de su origen aristocrático, rechazó ocupar la monarquía de su ciudad, lo cual no le impidió ejercer una gran influencia sobre la vida pública de Agrigento.

De Parménides a Empédocles, el primero de los pluralistas.

En manifiesta oposición con el mundo de la experiencia, los razonamientos lógicos de Parménides en torno al Ser habían negado la existencia de la pluralidad y de toda generación y corrupción. En este respecto, Empédocles es el primero de los presocráticos en elaborar una teoría física donde se procura impedir que lo que dictamina la razón entre en conflicto con lo que nos revelan los sentidos. Con este propósito, va a hacer girar su teoría física en torno a dos nuevos criterios: a) el Ser y el fundamento de la realidad no es uno, sino una pluralidad; y b) lo que los hombres llaman generación y corrupción no es en realidad sino mezcla (mîxis) y separación (diállaxis) de los elementos inmutables de la realidad.

El Ser y el fundamento de la realidad  no es uno, sino una pluralidad.

Parménides había negado la posibilidad de que el kósmos se hubiera formado ─como decían los milesios─ a partir de un único principio material, pues de lo uno no puede provenir lo múltiple. Como consecuencia ─decía aquél─, sólo puede existir lo Uno. Con el propósito de superar esta aporía, Empédocles sustituye el principio único de los milesios por una multiplicidad de elementos inmutables.

La mezcla-separación de los cuatro elementos a partir de las dos fuerzas.

Para Empédocles, las sustancias originarias son cuatro: tierra, agua, aire y fuego. En sí mismas estas sustancias son inmutables, por lo que no están sujetas a la generación y la corrupción. A estas sustancias hay que añadir dos fuerzas, amor (philía) y odio (neîkos), las cuales funcionan como los motores que ponen en movimiento la mezcla (mîxis) y la separación (diállaxis) que da lugar a la formación del kósmos.

El universo es producto del azar.

La presencia en esta cosmogonía del amor y el odio podría hacernos creer que para Empédocles el universo se encuentra sometido a unas leyes que determinan lo que éste ha de ser, sin embargo, amor y odio no son principios rectores, sino motores. Como consecuencia, en último término es el azar (týche) el que gobierna el devenir de la phýsis.

Empédocles en las Crónicas de Núremberg (1493).

TEXTOS
«Otra cosa te diré: ningún ser mortal tiene nacimiento, ni existe el fin de la muerte detestable, sino sólo la mezcla y el intercambio de lo que está mezclado ─a esto es a lo que llaman nacimiento los hombres»; [Plutarco, Adversus Colotem, 1111 F].
«Escucha primero las cuatro raíces de todas las cosas: Zeus resplandeciente [fuego], Hera dadora de vida [aire], Edoneo [tierra] y Nestis [agua] que con sus lágrimas empapa las fuentes de los mortales»; [Aecio, I 3, 20].
«Ea, escucha mis palabras, pues el aprender acrece la sabiduría. Como antes te dije, al manifestarte los límites de mis palabras, te voy a contar un doble relato: en un tiempo el Uno se acreció de la pluralidad y, en otro, del Uno nació por división la multiplicidad: fuego, agua, tierra y altura inconmensurable del aire y, separada de ellos, la funesta Discordia, equilibrada por todas partes y, entre ellos, el Amor, igual en extensión y anchura. [...] Todos ellos son iguales y coetáneos, aunque cada uno tiene una prerrogativa diferente y su propio carácter, y prevalecen alternativamente, cuando les llega su momento. Nada nace ni perece fuera de ellos. ¿Cómo podría, de hecho, ser destruido totalmente, puesto que nada está vacío en ellos? Porque, sólo si estuvieran en un constante perecer, no serían. Y ¿qué es lo que podría acrecer todo esto? ¿De dónde podría venir? Sólo ellos existen, pero penetrándose mutuamente, se convierten en cosas diferentes en momentos diferentes, aunque son continuamente y siempre los mismos»; [Simplicio, Física, 158, 13].
«La Discordia, en efecto, separó los elementos, pero el éter no fue impulsado hacia arriba por la Discordia, sino que da la impresión de que lo atribuye al azar ─“pues entonces se movió así por casualidad, aunque muchas veces lo hizo de otra manera”─ mientras que, otras, afirma que el fuego asciende por naturaleza y el éter, en cambio, dice, “se hundía bajo tierra con largas raíces”»; [Aristóteles, De generatione et corruptione, 334 a 1].
«Por tanto, donde todas las cosas acontecieron como si en su génesis estuvieran orientadas a un fin determinado, estos seres sobrevivieron, a pesar de estar por azar constituidos de un modo apto; pero las creaturas en que no se dio esta circunstancia, perecieron y siguen pereciendo como dice Empédocles que les acontece a los seres bovinos con rostro humano»; [Aristóteles, Física, 198 b 29].
 Werner Jaeger, La teología de los primeros filósofos griegos, FCE, México D. F. 

OTRAS ENTRADAS DEL BLOG SOBRE LOS PLURALISTAS PRESOCRÁTICOS

martes, 18 de octubre de 2011

Los seguidores de Parménides: Zenón de Elea y Meliso de Samos

─ APUNTES PARA EL BACHILLERATO ─
LOS SEGUIDORES DE PARMÉNIDES: ZENÓN DE ELEA Y MELISO DE SAMOS
por
Raúl le Locataire

Zenón de Elea.

Parménides ostenta el honor entre los presocráticos de haber sido el primero en elaborar sus argumentos a partir de principios lógicos. Él es el primero que abandona las afirmaciones dogmáticas para, en su lugar, deducir conclusiones a partir de premisas. Además, Parménides es el fundador de la escuela dialéctica, donde la verdad se obtiene como resultado del enfrentamiento entre argumentos opuestos. El máximo representante de esta escuela fue Zenón de Elea, discípulo de Parménides y apenas 25 años más joven que éste. Al igual que su maestro, Zenón también niega la existencia de la pluralidad y el movimiento. Para demostrarlo, elaboró por un lado un conjunto de antinomias sobre la pluralidad y, por otro, una serie de paradojas del movimiento. En éstas, partiendo de la premisa de que la pluralidad y el movimiento existen, Zenón conduce sus argumentos hacia contradicciones insalvables y absurdas que hacen necesario negar la validez de la premisa. Esta forma de proceder, inventada por él, es conocida como reductio ad absurdum, esto es, reducción al absurdo.

Zenón muestra las puertas a la verdad y a la falsedad. Fresco de la Biblioteca de El Escorial (Madrid).

Meliso de Samos.

Meliso de Samos (siglo V a. C.), es la prueba de la difusión del pensamiento de Parménides por las islas del Egeo y Jonia. La importancia de este pensador se debe a la corrección que hizo de uno de los atributos del Ser de Parménides. El Ser ─dirá─ no tiene límites, pues si los tuviera tendría que estar limitado por el no-Ser, el vacío, y éste es inconcebible. Así, pues, el Ser es ilimitado (ápeiron).

Ilustración de Meliso de Samos en Las crónicas de Núremberg (1493).

lunes, 17 de octubre de 2011

Parménides de Elea

─ APUNTES PARA EL BACHILLERATO ─
PARMÉNIDES DE ELEA
por
Raúl le Locataire

Si hemos de aceptar lo que dice Platón en el diálogo que lleva por título el nombre del gran filósofo de Elea, Parménides nació a finales del siglo VI a.C., alcanzó su madurez intelectual durante la primera mitad del siglo V y murió a comienzos de la segunda.

Busto de Parménides descubierto en Velia.

El poema de Parménides.

Parménides fue un pensador más especulativo que sus antecesores presocráticos, pues se preocupó no tanto por la naturaleza de las cosas existentes como por las consecuencias lógicas que conlleva el pensarlas. En este sentido, no parece un filósofo de la naturaleza, sino un lógico. Sin embargo, a pesar de este tono especulativo, el de Elea decidió poner por escrito su pensamiento en un poema de trasfondo religioso del cual se nos han conservado bastantes fragmentos.
 
El poema comienza con un breve proemio en el que Parménides describe cómo fue guiado por dos doncellas en el carro del sol más allá del mundo físico de las apariencias hasta el encuentro de la diosa. Este viaje adopta la forma de los ritos mistéricos de iniciación a través de los cuales los iniciados accedían a un conocimiento secreto e inalcanzable para el resto de los mortales. En el caso de Parménides, el misterio que la diosa le revela no es otro que el misterio del Ser. A este misterio, le dirá la diosa, se accede distinguiendo entre la Vía de la Verdad y la Vía de la Apariencia, y eligiendo a partir de criterios lógicos y racionales la primera de éstas como la única correcta. Concluido el proemio, la exposición de estas dos vías se desarrolla en los dos grandes bloques que conforman el poema. En el primero Parménides se ocupa de la Vía de la Verdad ─la cual se compone a su vez de la Vía de la Persuasión y de la del No-Ser─, y en el segundo de la Vía de la Apariencia.

Platón, Diálogos. V. Parménides, Teeteto, Sofista, Político, Gredos, Madrid, 1998.

La Vía de la Verdad.

A) La Vía de la Persuasión ─aquello que es es imposible que no sea─ y la Vía del No-Ser ─aquello que no-es es necesario que no sea─.

Empleando exclusivamente criterios lógicos y racionales, en la primera de estas vías, la de la Persuasión, la diosa le revela a Parménides que aquello que es es imposible que no sea, mientras que en la segunda, la del No-Ser, le comunica que aquello que no-es es necesario que no sea, pues ni siquiera puede ser pensado. Así, pues, estas dos vías parten de la premisa que considera la misma cosa lo que puede pensarse y lo que puede ser.

Algunos especialistas consideran que la Vía de la Persuasión es ella misma y por sí sola la Vía de la Verdad, para lo cual excluyen como parte de ésta a la Vía del No-Ser. Sin embargo, la Vía del No-Ser también forma parte de la Vía de la Verdad, pues no es una vía falsa, como la de la Apariencia, sino tan sólo una vía intransitable, esto es, impensable, que viene a reforzar, por contraposición, la verdad de la Vía de la Persuasión.

B) El Ser de Parménides es imperecedero e ingénito.

Para Parménides, lo que es debe ser imperecedero e ingénito, pues, de lo contrario, ¿cómo podría lo que es dejar de ser y lo que no es llegar al Ser desde la no-existencia si el no-Ser ni siquiera puede ser concebido?

C) El Ser de Parménides es uno, limitado e inmóvil.

Si sólo puede ser y existir aquello que puede ser concebido y pensado, el Ser sólo podrá ser uno (hén), limitado (péras) e inmóvil (atremés), pues pensar un ser múltiple, ilimitado y en movimiento conllevaría pensar el no-Ser, y esta vía ya ha sido descartada por incognoscible. En efecto, si el Ser fuera múltiple debería existir algo distinto del propio Ser que delimitara y separara cada una de sus partes, pues de lo contrario en nada se diferenciarían unas de otras y todas ellas serían una sola. Esto que podría delimitar y separar las distintas partes del Ser podría ser el vacío, pero recurrir a éste sería como recurrir al no-Ser, y ya hemos dicho que tal cosa no es posible. De esto último se desprende que el Ser es limitado, pues de lo contrario podría aumentar por adición, lo cual tampoco es posible, pues implicaría la existencia de la multiplicidad que ya ha sido descartada. Finalmente, tampoco puede estar en movimiento, pues el movimiento implica el cambio, y éste, a su vez, el que algo que aún no es llegue a ser. Como consecuencia, el Ser de Parménides es lo más parecido a una esfera perfecta, unitaria, limitada e inmóvil.

Como podemos apreciar, si Parménides llega a estas conclusiones es porque no distingue entre los usos predicativo y existencial del término griego estí (es), lo cual le conduce a negar la existencia de todo ser al que se le asignen predicados negativos.

Francis M. Cornford, Platón y Parménides, Visor, Madrid, 1989.

La Vía de la Apariencia.

La Vía de la Apariencia es aquella por la que transitan los mortales que dan más crédito a las experiencias sensibles que a lo que dictamina la razón, pues éstos no tienen reparo alguno en pensar el no-Ser y en utilizarlo en sus discursos. Así, como consecuencia de este error, los que siguen la Vía de la Apariencia creen y toman por verdadero aquello que la razón nos dice que es impensable e inconcebible, como son la generación y corrupción o el movimiento. La Vía de la Apariencia es, por lo tanto, la Vía de la Creencia, pues los que la transitan creen en un mundo cambiante donde las cosas son y no son y donde pasan de la existencia a la no existencia y viceversa.

TEXTOS
«Ven ahora y te diré ─atiende y pon mis palabras en tu corazón─ las únicas vías de investigación que pueden ser pensadas: una, que [aquello que es] es, y es imposible que no sea, es la Vía de la Persuasión, pues la persuasión sirve a la Verdad. Otra, que no es y es necesario no ser, ésta, te diré, es un sendero indiscernible por completo, pues tú no podrías conocer lo que no es ─ya que eso es imposible─ ni formularlo»; [Proclo, Timeo, I 345, 18; Simplicio, Física, 116, 28].
«Pues es la misma cosa la que puede pensarse y la puede ser»; [Simplicio, Física, 146, 5].
«¿Y cómo podría lo que es, ser en el futuro? ¿Y cómo podría haberse generado? Pues, si vino al ser, no es; y tampoco es si va a ser en el futuro»; [Simplicio, Física, 145, 5].
«Sólo queda hablar de una Vía; que es. Y en este camino encontramos numerosos rastros: que lo que es no ha nacido y no puede perecer; íntegro, único, inamovible y sin final [en el tiempo], ni fue, si será, puesto que es ahora todo a un tiempo, uno y continuo»; [Simplicio, Física, 78, 5; 145, 1].
«Pero, en segundo lugar, te aparto de la Vía por la que transitan, bicéfalos, los mortales que no saben nada; pues la perplejidad guía el deambulante pensamiento en sus pechos. Son llevados ciegos y sordos, aturdidos, como hordas sin discernimiento que han decidido creer que es y no es son lo mismo y no lo mismo»; [Simplicio, Física, 86, 27-28; 117, 4-13].
Agustín García Calvo, Lecturas presocráticas (con una edición crítica y versión rítmica de los fragmentos de Parménides), Lucina, Zamora, 1992.

jueves, 6 de octubre de 2011

Heráclito de Éfeso

─ APUNTES PARA EL BACHILLERATO ─
HERÁCLITO DE ÉFESO
por
Raúl le Locataire

Heráclito es el responsable de la primera reflexión crítica sobre la física milesia y el pitagorismo. Más allá del gran número de detalles biográficos ficticios que llegaron a rodear su persona, sólo podemos aceptar como seguro que vivió en Éfeso durante el último cuarto del siglo VI y el primero del V a.C., que procedía de una vieja familia aristocrática y que estuvo en malas relaciones con sus conciudadanos. Muy posiblemente expresó su pensamiento de forma oral a través de sentencias. Estas sentencias son por lo general crípticas y enigmáticas, semejantes en su forma a los oráculos adivinatorios. Ello se debió, muy posiblemente, al peso de la tradición a la hora de vincular los primeros esfuerzos filosóficos con el desocultamiento de la verdad característico del discurso sagrado de los adivinos.

El mundo del devenir.


Tal y como puede apreciarse en su famosa sentencia del río, Heráclito niega la existencia de cualquier sustancia, esto es, de cualquier ser inmutable. Por ello, si nada permanece inmutable, pues todo fluye, la realidad última de las cosas ─la phýsis─ no va a ser sino el mundo del devenir, el cual, como vamos a ver a continuación, se constituye a partir de opuestos en constante lucha y tensión. Si para Anaximandro la lucha entre los opuestos formados desde lo ápeiron era la injusticia que el transcurso del tiempo tiene que corregir una y otra vez para restablecer el orden y la armonía, para Heráclito, en cambio, la lucha y tensión de los opuestos ─la discordia (éris)─ es ella misma la justicia (díke). Discordia y devenir constituyen, por lo tanto, el orden armónico y la ley universal de todas las cosas.

Para Heráclito la tensión existente entre los opuestos hace que cada uno de ellos sea recíprocamente idéntico a su contrario. Como consecuencia, cada pareja de opuestos forma una única unidad esencial. Su mutua identidad reside justamente en la tensión existente entre ellos, pues, a la manera de un arco que reúne sobre sí mismo fuerzas contrarias, cada uno de los opuestos depende del contrario para poder ser. Más aún, el universo entero, al componerse de opuestos interconexos, es él mismo ─a pesar de su constante cambio─ una gran unidad. Como sabía Heráclito, la imagen del río por el que a cada momento fluyen aguas distintas sin dejar por ello de ser el mismo río es la que mejor viene a ilustrar la profunda unidad que subyace bajo el constante devenir que impera en el universo.

Heráclito llorando, por Hendrick ter Brugghen (1628).

El lógos, “razón común”.

Para Heráclito, en el universo ─y también, por lo tanto, en el hombre─ existe un componente tanto físico como estructural que es común a todas las cosas; algo así como una ley o una constante que se repite y está presente en todas ellas y que, una vez reconocida, permite entender en qué cosiste la phýsis o naturaleza de las cosas. Heráclito llama a esta constante lógos o razón común y dice de ella que los hombres no suelen reconocer su carácter universal. Por lo contrario, la gran mayoría se cree en posesión de un lógos y una inteligencia particular. Como ya hemos dicho, Heráclito no concibe el lógos únicamente como una constante formal o estructural, sino que, además, también lo imagina materialmente unido y coextenso con el fuego, el cual es para él el constitutivo cósmico primario y el componente esencial de las almas.

SELECCIÓN DE TEXTOS

(1)
«Aguas distintas fluyen sobre los que entran en los mismos ríos»; [Eusebio, P.E. XV 20].

(2)

«Conviene saber que la guerra es común [a todas las cosas] y que la justicia es discordia y que todas las cosas sobreviven por la discordia y la necesidad»; [Orígenes, Contra Celsum, VI 42].

(3)

«El camino arriba y abajo es uno y el mismo»; [Hipólito, Refutación de todas las herejías, IX 10, 4].

(4)

«Lo mismo es vida y muerte, velar y dormir, juventud y vejez; aquellas cosas se cambian en éstas y éstas en aquellas»; [Plutarco, Consolatio ad Apollonium, 10, 106 E].

(5)

«Hay una armonía tensa hacia atrás, como en el arco y en la lira»; [Hipólito, Refutación de todas las herejías, IX 9, 1].

(6)

«Tras haber oído al Lógos y no a mí es sabio convenir en que todas las cosas son una»; [Hipólito, Refutación de todas la herejías, IX 9, 1].

(7)

«Por tanto es necesario seguir lo común; pero, aunque el Lógos es común, la mayoría vive como si tuviera una inteligencia particular»; [Sexto Empírico, Contra los matemáticos, VII 133].

(8)

«Este cosmos (el mismo de todos) no lo hizo ningún dios ni ningún hombre, sino que siempre fue, es y será fuego eterno, que se enciende según medida y se extingue según medida»; [Clemente de Alejandría, Stromata, V 104, 1].
Heráclito. Detalle de La escuela de Atenas (1510-1512), de Rafael Sanzio.

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