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jueves, 30 de enero de 2020

Jorge Riechmann, "Un adiós para los astronautas. Sobre ecología, límites y la conquista del espacio exterior"

─ CONTEXTOS ─
JORGE RIECHMANN
UN ADIOS PARA LOS ASTRONAUTAS. SOBRE ECOLOGÍA, LÍMITES Y LA CONQUISTA DEL ESPACIO EXTERIOR

selección de
Raúl Garrobo Robles


Ofrecida en una edición trilingüe ─con traducciones al inglés y al alemán realizadas por Margaret Clark y Werner Marti respectivamente─ y presentada con una estimulante tipografía de color ocre que evoca las tonalidades otoñales de las hojas de los bosques atlánticos, Un adiós para los astronautas recoge la conferencia de mismo título que Jorge Riechmann diera en la Fundación César Manrique de Lanzarote en septiembre del año 2003.

Acompaña al texto de la conferencia otro inédito con el título Tres principios básicos de justicia ambiental, para el que no hemos preparado ─como sí sucede con el anterior─ una selección de textos, y que representa una eficaz y contundente síntesis de los fundamentos que subyacen bajo el concepto de justicia cuando éste se aplica en el terreno de la ecología. Los tres principios de los que se ocupa este segundo ensayo son los siguientes: 1º) el principio de sostenibilidad, resultante de entender la viabilidad ecológica de nuestros sistemas económico-sociales desde el punto de vista de la justicia intergeneracional, esto es, desde la perspectiva de la solidaridad diacrónica con los que están por llegar; 2º) el principio de partes iguales, conforme al cual todo grupo humano, con independencia de cuáles sean sus necesidades de recursos, tiene derecho a una igual porción de espacio natural sobre el que desarrollar sus actividades económicas; y 3º) el principio de mitad y mitad, que determina que el porcentaje de espacio natural para los seres vivos no humanos debe ser el mismo que para los que sí lo son, esto es, 50% para cada parte. Pero, aunque este segundo escrito adopta tanto en su lenguaje como en su propósito una configuración más ceñida a los patrones académicos de investigación, es el primero ─Un adiós para los astronautas─ el que, desde la genialidad que supone la elección de su objeto de estudio, destaca entre ambos.

Un adiós para los astronautas es un contundente desmentido de toda esa corriente de la ficción científica que en los últimos decenios se ha revelado a las claras como ciencia-ficción y que, haciendo gala de una fáustica y voraz desmesura ─hýbris, nos recuerda Riechmann, junto con Nietzsche, que dirían los griegos─, ha pretendido fijar en el creciente desarrollo tecnológico de la civilización occidental un atisbo de aquella salvífica trascendencia que otrora recayera sobre la religión. Este exceso de celo en el desarrollo tecnocientífico que, sin embargo, desatiende los límites del crecimiento económico y confunde las prioridades, esta idolatría del “todo o nada”, no es otra cosa que una inercia antropófuga que anhela proyectarnos más allá de las fronteras de la Tierra y de la condición humana. Cierto es, nuestra especie se ha entregado desde sus orígenes a este tipo de extravíos o fugas en las que, ante el pavor que provoca la muerte, ante el miedo a nuestra ineludible y traumática finitud, lejos de encarar el sentimiento que desvela que al mundo le somos indiferentes, terminamos por huir. Así lo expresé en mi artículo del año 2011 Epicuro y el fenómeno de la indiferencia del mundo, y aunque Riechmann no alude a él, la figura del fundador del Jardín se deja sentir como telón de fondo en Un adiós para los astronautas. Por todo ello, si Epicuro nos ofrecía su tetrafármaco como remedio ante el fenómeno de la indiferencia del mundo que conducía a los humanos a abrazar la superstición, Riechmann, por su parte, deposita su confianza y recta razón en el phármakon de la autocontención, el único viable para un mundo en el que los recursos son finitos y el equilibrio ecológico extremadamente frágil.


Jorge Riechmann


SELECCIÓN DE TEXTOS

Texto 1
Propósito del ensayo: mostrar la tendencia antropófuga de los partidarios de una economía productivista
«En este ensayo voy a intentar mostrar que uno no puede ser un productivista consecuente si no está dispuesto a tratar la Tierra como un planeta desechable, y la biosfera como un producto de usar y tirar, para emprender a continuación la fuga al cosmos. Y también mostraré que esta huida al cosmos se inscribe en un movimiento antropófugo más amplio y complejo, un movimiento de huida de la condición humana contra el que ─es mi tesis─ hemos de resistir»; [p.11].
Texto 2
El nuevo utopismo capitalista: el deseo antropófugo de huida de la condición humana
«[...] el impulso fáustico, prometeico o luciferino por dominar y moldear la naturaleza ─incluyendo la propia naturaleza del ser humano─, que puede rastrearse desde hace mucho pero que sobre todo caracteriza a la era industrial, se extrema a partir de la segunda mitad del siglo XX (dominio de la energía atómica, programas espaciales, experimentos de ingeniería genética...). Podemos hablar de un nuevo utopismo capitalista que, en su confrontación polémica con un pensamiento ecologista articulado sobre la noción de límite, exhibe su orgullosa voluntad de IGNORAR LOS LÍMITES. [...] Creo que hay que concebirlo como un movimiento de huida, para no enfrentarse con la cuestión de la finitud humana y los límites al crecimiento. [...] El movimiento de huida “antropófuga" se materializa en diferentes intentos de fuga:
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Huida de los límites al crecimiento económico: nuevos caminos para proseguir la expansión […].
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Huida del planeta Tierra: la fuga al cosmos.
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Huida de la naturaleza humana: creación de “post-humanos” mediante ingeniería genética y simbiosis hombre máquina.
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Huida de la sociedad hacia el ciberespacio...
[…] podemos hablar de la posibilidad de un éxodo fuera de lo humano. La tesis que defenderé aquí es que semejante éxodo ni es inevitable, ni es deseable. En todos estos casos (colonizar otros mundos, vencer la muerte, crear nuevas razas de seres humanos, etc.) podemos hablar de una huida de la condición humana (y sobre todo de sus rasgos de finitud). Frente a semejante movimiento de fuga, la opción ecológica estribaría básicamente en VIVIR DENTRO DE LOS LÍMITES (sin que esto suponga una concepción inamovible de los mismos ni enemistad hacia la tecnología como tal)»; [pp. 18-19].
Texto 3
Crecimiento extensivo e intensivo del productivismo capitalista: hacia lo extraterrestre y hacia lo transhumano
«En el plano económico, con tal de no aceptar la opción de límites al crecimiento, el productivismo capitalista ingenia nuevas vías para proseguir tanto un crecimiento extensivo (la huida al cosmos, para colonizar otros planetas, primero en nuestro sistema solar y luego más allá) como un crecimiento intensivo (informática, biotecnología y nanotecnologías). Pero este movimiento de huida […] va mucho más allá de la dimensión económica: pone en tela de juicio la misma naturaleza del ser humano. [...] Cabría hablar, por consiguiente, de un proyecto ecologista de autocontención frente a un proyecto productivista de extralimitación. El segundo lo podríamos denominar también proyecto de autotrascendencia tecnológica, atendiendo a ese doble impulso de abandonar la condición humana hacia lo extraterrestre y hacia lo transhumano»; [pp. 19-20].
Texto 4
El ser humano, una criatura de frontera más allá del animal prehumano y más acá del supermán posthumano
«Ser humano es una condición difícil [...]. No somos animales como los demás mamíferos, aunque en muchos aspectos sí qué lo somos. No somos sólo cuerpo, pero tampoco sólo psique. No somos sólo racionalidad y conciencia, aunque tampoco solo inconsciente. No somos ni sólo naturaleza ni sólo cultura. ¿Qué es el ser humano? Desde hace milenios hemos intentado definirnos por nuestra relación de semejanza y diferencia con respecto a los animales, los dioses, y ─más recientemente─ las máquinas. Comienzo avanzando a las claras mi propia posición: en el ser humano no deberíamos ver ni animal, ni dios, ni máquina, sino una criatura de frontera. Mi propuesta es no huir de lo que en otros lugares he llamado el ahí de lo humano: su qué sería un ahí, y éste se halla en la frontera. Huimos de lo humano, nos volvemos “antropófugos” por incapacidad de asumir nuestra incómoda condición de criaturas de frontera. Nuestra fuga se orienta a veces hacia la bestia, a veces hacia el ángel:
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Huida hacia el animal prehumano [...].
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Huida hacia el hombre-máquina posthumano (o el supermán transgénico) con atributos divinos»; [pp. 23-24].
Texto 5
Antropofugas: el primitivismo que querría retornar a la prehistoria
«Hay toda una corriente “antropófuga” de pensamiento contemporáneo, particularmente en EE.UU., [...] tal y como la representa el filósofo John Zerzan [...] Seguramente resulta imposible superarle en su órdago anticivilizatorio [...] Para Zerzan el Edén se sitúa antes de que Homo degenerase en Homo sapiens sapiens, antes de despeñarnos por la sima del lenguaje articulado, la capacidad de simbolizar y la actividad artística. La cultura no representa sino “alienación respecto a lo natural” [...], que es lo bueno, puro y santo. [...] Treinta años rebelándonos contra la caricatura de los productivistas según la cual “lo que quiere el ecologismo es la vuelta a las cavernas”, y aquí llega este sujeto, directamente importado de su cabaña de Oregón, para hacer buena la caricatura. Si abrigásemos una visión conspirativa de la historia, tendríamos que pensar que a este mozo lo emplea la CIA para desacreditar al movimiento crítico de la globalización capitalista»; [pp. 24-27].
Texto 6
Antropofugas: cyborgs y nuevas razas post-humanas creadas por ingeniería genética
«[...] muchos autores han avanzado la idea de crear nuevas “razas” de humanos, transformados por ingeniería genética para adaptarse a condiciones ambientales deterioradas o a la conquista de nuevos ambientes [...] De todas formas, a los “tecnoentusiastas” más extremistas incluso los supermanes hijos de la ingeniería genética ─vida orgánica al fin y al cabo─ les parece poca cosa en comparación con los futuros cyborgs y robots inteligentes. [...] Se diría que en este tipo de especulaciones se muestra otra clase de fuga: en este caso, huida ante los verdaderos problemas y responsabilidades de nuestra época. Pues no cabe ignorar que mientras nuestros pensadores y científicos se entregan a líneas de investigación alocadas y masturbaciones mentales varias, ¡nuestra biosfera está seriamente dañada, y nuestra propia especie corre un serio peligro de extinción a corto plazo!»; [pp. 30-35].
Texto 7
Antropofugas: cerebros humanos volcados dentro de ordenadores
«El extremo de esta línea de pensamiento probablemente lo alcance el científico espacial Robert Jastrow [...] Esta relevante figura del programa espacial estadounidense prevé el momento en que el desarrollo simultáneo de la informática y las neurociencias permitan aferrar el contenido de una mente humana, digitalizarlo y transferirlo al entretejido metálico de un ordenador. Aunando el deseo de ser máquina, el deseo de inmortalidad y la intención de colonizar el cosmos [...] Con Jastrow las tendencias “antropófugas”, ávidas de escapar de la contingencia, la sexualidad y la mortalidad que caracterizan a la condición humana, han llegado a un extremo que nos impresiona. [...] En los años noventa del siglo pasado, los adictos californianos a este tipo de especulaciones se asociaron en un grupo llamado Extropian [...], que celebró su primera convención en Silicon Valley en 1994. Para ellos, el alma sería equivalente a un software introducido en el hardware del cuerpo. Su esperanza estriba en que, en el futuro, el “programa cerebral” de un individuo podrá cargarse en un ordenador, y trasladarse así de una máquina a otra indefinidamente. Cualquier cosa antes que seguir encerrados en la “prisión terrestre” y lastrados con los “defectos de construcción” de la vida orgánica»; [pp. 37-39].
Texto 8
La humanidad tiene ante sí tan solo dos posibles caminos por recorrer
«Hoy somos conscientes del carácter insostenible de las economías industriales de base mineral que se desarrollaron en los dos últimos siglos [...] Creo que se abren ante nosotros básicamente dos opciones: o una sociedad industrial de base solar que busque conscientemente “hacer las paces con la naturaleza”, o el intento de proseguir la expansión productivista de la economía de base mineral, encontrando formas de saltarse los “límites del crecimiento”. [...] una futura sociedad industrial de base solar puede desplazar mediante los avances en tecnología social algunos de estos límites [...], pero aun así tendrá que permanecer necesariamente dentro de límites, determinados en última instancia por la limitada incidencia de luz solar sobre la superficie de la Tierra y el limitado ritmo de reposición de los recursos naturales renovables. En este sentido, será una economía de estado estacionario. Por el contrario, quién se obstine en perseguir la meta productivista de una economía de crecimiento continuo [...] no tiene otra opción que postular el salto al cosmos. Una civilización que trate de persistir sobre los fundamentos extractivos, mineros, de la Revolución Industrial ha de intentar proseguir la explotación de los recursos allende el planeta Tierra, una vez agotados los recursos terrestres. El productivista consecuente no tiene más opción que el salto al cosmos. Y si esto parece impracticable o indeseable, entonces sólo queda la opción de una economía basada en la luz solar y los recursos renovables, una economía de estado estacionario que fomente valores de equidad y frugalidad»; [pp. 43-44].
Texto 9
Justicia intergeneracional o sobre la no colonización del tiempo pasado o por venir
«[…] aquí está en juego un importante aspecto de justicia intergeneracional. Podemos enunciarlo así: únicamente el aprovechamiento de la energía solar ─en sus diversas manifestaciones: luz solar incidente, viento, ciclo hidrológico, etc.─ no implica una “colonización del tiempo” pasado y futuro, con sus correspondientes consecuencias ambientales. En efecto: como se trata de un flujo energético constante, que ha de aprovecharse “en tiempo real”, ninguna generación puede apropiarse de la energía solar que pertenece a las generaciones futuras. Por el contrario, el actual sistema energético ─basado en los combustibles fósiles─ ejerce dominación sobre el tiempo pasado, apropiándose de la energía solar que alcanzó el planeta hace muchos millones de años; y sobre el futuro, apropiándose rápidamente de recursos limitados, dilapidándolos, y dañando las capacidades regenerativas de la biosfera»; [p. 44].
Texto 10
La estrategia de la autocontención frente a la apuesta del todo o nada
«[…] por una parte, la opción de permanecer en la Tierra ─ecologizando a fondo nuestras sociedades─ resulta del todo viable. Requerirá, es cierto, importantes transformaciones sociales, económicas y ético-políticas, pero no postula tecnologías mágicas ni choca contra leyes o hechos biofísicos insuperables. Por el contrario, la opción de salida al espacio exterior [...] presupone avances tecnológicos hoy por hoy inconcebibles, probablemente choca contra leyes físicas básicas (¿cómo alcanzar sistemas solares distintos del nuestro sin pretender viajar por encima de la velocidad de la luz?), y por encima de todo no se plantea la irracionalidad de la apuesta en juego. [...] Por eso decía antes que hacemos frente a una apuesta de todo o nada. La estrategia de autocontención ─morar ecológicamente sobre esta Tierra─ es viable, aunque exige transformaciones sociales importantes, y destinar a ellas el “regalo fósil” de la naturaleza; no pone en riesgo el futuro de la civilización humana. Por el contrario, la estrategia de extralimitación ─el salto al cosmos─ lo arriesga todo en una aventura de desenlace más que incierto, incluyendo el futuro de la propia especie»; [pp. 45-47].
Texto 11
La naturaleza humana: campo de batalla entre ecologistas y productivistas antropófugos
«Con la conquista del espacio y la ingeniería genética, lo que está en juego es la propia naturaleza ─tanto biológica como social y cultural─ del ser humano. La disyuntiva “expansión al cosmos / morar sobre esta Tierra” se correlaciona, en el plano antropológico, con otra disyuntiva: el hombre debe ceder el paso al superhombre (recreado por las nuevas tecnologías y la microelectrónica) / todos somos minusválidos. En estos dos planos: o bien aceptar nuestra finitud e incompletud constitutivas, o bien proponernos desbordar los límites de lo humano»; [p. 48].
Texto 12
Las especulaciones sobre viajes interestelares y la existencia de otros planetas habitables no hacen de la Tierra un objeto desechable
«La dinámica del capitalismo de consumo masivo desemboca en la aberración de un planeta para usar y tirar. Frente a esto el ecologismo es insurgente: ¡la Tierra no es desechable! Acaso existan, a millones de años luz, otras biosferas donde hayan evolucionado formas de vida más o menos semejantes a las nuestras: pero esto es pura especulación. Hoy por hoy, nuestra biosfera es la única que conocemos, las fantasías sobre cómo crear biosferas artificiales en otros lugares del sistema solar resultan indeciblemente frágiles, y la prudencia aconseja que tratemos esta biosfera como un tesoro irremplazable»; [p. 48].
Texto 13
El pregonado éxito del capitalismo no es tal, sino una masiva exportación de daños insostenible por más tiempo
«“El modelo industrial hoy extendido, con mayor o menor intensidad, por todo el mundo, entra en crisis al finalizar el milenio fundamentalmente debido a su éxito en su vertiente productiva [...]", escribe Antonio Novas. […] Éxito, ¿medido en qué términos? No deja de tener mucho de ilusión colectiva, de autoengaño, puesto que se trata de un avance rápido durante un brevísimo periodo de tiempo (en términos históricos), que se basa en una masiva exportación de daños (“externalidades” no contabilizadas), y que no puede mantenerse en el tiempo (insostenibilidad)»; [pp. 48-49].
Texto 14
Gente que no quiere viajar a Marte
«Los ecologistas somos personas que no sentimos la imperiosa necesidad de construir hoteles turísticos en la Luna; gente que no queremos viajar a Marte. No porque no apreciemos los aspectos atractivos de la propuesta (confieso que fuí un ávido lector de ciencia-ficción durante la adolescencia), sino por ser bien conscientes de todo lo que necesariamente perderíamos en ese proceso de expansión cósmica (suponiendo que finalmente pudiese llevarse a cabo sin desembocar antes en un colapso civilizatorio)»; [p. 50].
Texto 15
¿Mineros en las lunas de Júpiter, o jardineros en la Tierra?
«¿El destino de los seres humanos es intentar ser mineros en las lunas de Júpiter ─y luego más allá, siempre─, o ser jardineros en la Tierra [...]? El planetólogo Francisco Anguita afirma que, en caso de destrucción de la Tierra, Marte podría convertirse en nuestro hogar: ¿por qué no evitar la destrucción del acogedor hogar del que ya disponemos, antes que intentar tornar habitable el planeta rojo, seductor sin duda, pero inhóspito y lejano? [...] El pensamiento ecologista responde a la pregunta que hacíamos antes, en efecto, señalando su preferencia por la segunda opción: jardineros en esta Tierra antes que mineros en la Luna o en Júpiter»; [pp. 50-51].
Texto 16
De Nietzsche, la hýbris y nuestros irreflexivos y crueles experimentos con los que damos la espalda a la salud del alma
«Nos aterra la hybris de ese [...] empuje de la tecnociencia, alimentadora de problemáticos sueños de autotrascendencia tecnológica. No veo manera de evitar el término griego hybris, que significó más o menos “orgullo sacrílego” en la Antigüedad. En La genealogía de la moral, Friedrich Nietzsche entonó las alabanzas de la hybris moderna: “Todo nuestro ser moderno, en cuanto no es debilidad, sino poder y consciencia de poder, se presenta como pura hybris e impiedad (...). Hybris es hoy toda nuestra actitud con respecto a la naturaleza, nuestra violentación de la misma con ayuda de las máquinas y de la tan irreflexiva inventiva de los técnicos e ingenieros; [...] hybris es nuestra actitud con respecto a nosotros ─pues con nosotros hacemos experimentos que no permitiríamos con ningún animal y, satisfechos y curiosos, nos sajamos el alma en carne viva: ¡qué nos importa ya a nosotros la 'salud' del alma! (...)─ Nosotros nos violentamos ahora a nosotros mismos, nosotros cascanueces del alma, nosotros problematizadores y problemáticos, como si la vida no fuera otra cosa que cascar nueces...”. La expresión “cascar nueces”, después de las terribles experiencias del siglo XX ─éticas, políticas, ecológicas, sociales─, probablemente tenga hoy para nosotros un sentido mucho menos inocente del que podían leer los contemporáneos de Nietzsche. ¿Seremos capaces de extraer de aquellas experiencias ─que podríamos resumir en los nombres de tres lugares: Auschwitz, Hiroshima, Chernobil─ alguna sabiduría sobre el cascar y el plantar nueces para el siglo XXI?»; [pp. 51-52].
Texto 17
¿Es la propuesta ecologista de una sociedad humana ilimitadamente sostenible tan desmedidamente ambiciosa como la propuesta productivista de un insostenible crecimiento ilimitado?
«Alguien podría replicar: ¿y no está la propuesta ecologista de sustentabilidad afectada por la misma hybris que pretende combatir? [...] ¿por qué van a pretender las sociedades humanas encontrar una forma ─un modelo económico-ecológico─ que les permita autorreproducirse sin límite? ¿No resulta más “natural” un trayecto evolutivo breve para la especie humana, habida cuenta del manifiesto desequilibrio de sus capacidades? Sería, en efecto, hybris pretender perdurar eternamente. Pero la propuesta de sustentabilidad ecológica [...] no tiene un horizonte de eternidad: se limita a mirar adelante en un lapso temporal que abarque varias generaciones humanas. Saber que el planeta Tierra, por causas naturales, sin duda no existirá dentro de cinco mil millones de años, no es motivo que justifique precipitar un final suicida de la especie humana en los próximos cien años»; [p. 53].
Texto 18
Aceptar nuestra finitud o sobre cómo solicitar el ingreso en la vetusta piara
«Si uno acepta de veras la propia falibilidad, no se extraviará en ensoñaciones de tecnología perfecta. Si uno acepta a fondo su propia mortalidad, no aspirará a dudosas trascendencias tecnológicas. El sueño de autotrascendencia tecnológica tiene que ver con las dificultades para aceptar los propios límites: la falibilidad, la finitud, la contingencia, la mortalidad de lo humano. Rechazando estos límites, nos privamos también de las posibilidades específicamente humanas de cumplimiento o florecimiento (“autorrealización”, según el anglicismo que hoy se impone), el esplendor del vivir propio de un ser finito y mortal. [...] Una antropología de la finitud, una ética de la autocontención, una estética del ahí: en los últimos años, estas han sido las líneas de pensamiento que he intentado desarrollar»; [pp. 55-56].

Jorge Riechmann, Un adiós para los astronautas. Sobre ecología, límites y la conquista del espacio exterior, Fundación César Manrique, Lanzarote, 2004.

lunes, 18 de noviembre de 2019

René Dubos, "Pensar globalmente, actuar localmente"

─ CONTEXTOS ─
RENÉ DUBOS
PENSAR GLOBALMENTE, ACTUAR LOCALMENTE
selección de
Raúl Garrobo Robles

René Dubos (1901-1982), microbiólogo de profesión, fue durante las décadas de los 70’ y los 80’ del siglo pasado uno de los pioneros en la divulgación de la ecología. Suele ser recordado por haber preparado, junto con Barbara Ward, el texto sobre el que se cimentó la primera Cumbre de la Tierra: la Conferencia de la ONU sobre el Medio Humano, celebrada en Estocolmo en junio de 1972, auténtico hito para el movimiento ecologista a nivel mundial. La edición del libro que motiva estas líneas, al que muy acertadamente ─retomando una de las ideas más contundentes del pensamiento de Dubos─ se ha titulado Pensar globalmente, actuar localmente, corre a cargo de la filósofa Carmen Madorrán Ayerra. 

Al igual que me ha sucedido con otros libros sobre los que recientemente he volcado mi atención, el interés inicial que me llevó a leer éste y a preparar a partir de él una selección de textos se remonta a mi participación durante los meses de febrero y mayo de 2019 en el curso de formación continua Clásicos del pensamiento crítico celebrado en la Universidad Autónoma de Madrid y dirigido por Jorge Riechmann y César de Vicente. Entre las lecturas ineludibles que se sucedieron a lo largo del curso se contaba esta antología de René Dubos en la que Carmen Madorrán presenta, selecciona y ordena los textos fundamentales de tres de las más significativas obras de aquél: ¡Un animal tan humano…! (1971), Celebraciones de la vida (1985) y Un dios interior (1986). 

El conjunto de los textos recogidos en la antología nos da a conocer el perfil intelectual de un ecologista que aún mantiene su optimismo antropológico intacto a pesar de la profunda decepción que le causa el curso de la historia. Incapaz de priorizar sus necesidades vitales a medio y largo plazo, el ser humano que contempla Dubos en los años 70’ y 80’ representa el triple paradigma de la desmesura anteica, el hedonismo fáustico y la ceguera prometeica. El gigante Anteo ─nos recuerda Dubos─ veía reducida su fortaleza conforme aumentaba la distancia que separaba sus pies de la tierra, siendo ésta la causa de su muerte a manos del héroe civilizador Héracles, quien logró asfixiarlo sin demasiado esfuerzo sosteniéndolo en vilo. El erudito doctor Fausto vendió su bien más preciado a cambio de un conocimiento ilimitado y el acceso a los placeres mundanos, lo que, a pesar de todo, no le evitó el fatal e irrevocable destino al que él mismo, con sus propias decisiones, se vio abocado. Por último, ni las más benevolentes intenciones para con los seres humanos prepararon a Prometeo para las consecuencias que acarrearon a los hombres el que éste les entregara el fuego robado a Zeus abriéndoles con ello el ambiguo y peligroso camino del sometimiento y la transformación técnica de la naturaleza. Anteo, Fausto y Prometeo representan el divorcio del ser humano respecto del hogar al que pertenecemos, el mismo que hubo de conformar evolutivamente las características humanas que nos son propias y el único en el que ─a pesar de los anhelos de la ciencia ficción─ podemos vivir. La Tierra ─enfatiza Dubos─ es nuestra astronave, el Jardín del Edén del que nos pertenece su cuidado, y con ella habremos de correr, para bien o para mal, el mismo destino. Si el ser humano es capaz de escapar de su soberbia y hedonismo nocivos, si finalmente logramos asimilar la máxima que nos recuerda que “menos es más”, si somos capaces de detener el frenesí destructivo del mantra demencial en que se ha convertido la apuesta por un crecimiento ilimitado, aún estaremos a tiempo de evitarnos la profunda degradación de la vida sobre la Tierra y el espantoso sufrimiento que conllevará ésta para los seres humanos, unos primero y otros después. Por desgracia, son cuatro ya las décadas que nos separan de las palabras de René Dubos contenidas en las páginas de esta antología, lo que nos indica, al menos, dos cosas: primero, que Dubos se ha convertido de pleno derecho en un clásico del ecologismo; segundo, que hoy nos encontramos más cerca que nunca de la heladora mirada de Mefistófeles, a un paso tan sólo de nuestro funesto destino. 

René Dubos

SELECCIÓN DE TEXTOS 

Texto 1
Prioridad de la ecología en las sociedades ubérrimas
«La fealdad ambiental y la violación de la naturaleza son perdonables cuando resultan de un estado mísero, pero no si se producen en un medio ubérrimo y se derivan, sin duda, de la riqueza. […] sería justificable si obedeciera a falta de recursos o métodos para abordarlos, pero no tiene perdón en una sociedad que encuentra siempre dinero suficiente para solventar problemas relacionados con intereses egoístas»; [p. 54].
Texto 2
El ser humano: un terrícola más acá de la ciencia-ficción
«Pese a los escritores de ciencia-ficción y algunos científicos, el hombre no logrará nunca establecerse realmente en ningún lugar del cosmos aparte de la superficie terrestre o cerca de ella. […] Doquiera que vaya y cualesquiera sean sus acciones, el hombre tendrá éxito solo mientras actúe en un microambiente en el que no sea drástica la diferencia con aquel en el que evolucionó. […] El Homo sapiens adquirió sus rasgos característicos como especie biológica hace más de 100.000 años, y no es posible alterar sus caracteres biológicos fundamentales sin destruir su propio ser. Desarrolla sus atributos humanos con la simple acción de responder al medio ambiente en que se desenvuelve. La Tierra ha sido su cuna y seguirá siendo su hogar»; [p. 58].
Texto 3
Todo vale para la última generación sobre la Tierra
«[…] dentro de los países de civilización occidental, particularmente en América, se debe conceptuar a muchos como delincuentes porque obran de la misma forma que si la inmediata satisfacción de todos sus caprichos e impulsos fuera el único índice de comportamiento, sin considerar las consecuencias para el resto de la naturaleza y la posteridad. […] estamos utilizando también la Tierra como si fuéramos la última generación que hubiera de habitarla. Socialmente nos comportamos como si quisiéramos disculpar nuestros yerros con esta pregunta: ¿Qué ha hecho por mí la posteridad?»; [pp. 58-59].
Texto 4
Nos aproximamos a un punto crítico
«La población mundial ha ido aumentando con más o menos regularidad desde la aparición del hombre sobre la Tierra, pero el ritmo de crecimiento se ha acelerado tanto desde el siglo pasado que nos estamos acercando a un punto crítico. El hombre se ha adaptado pausadamente a los cambios impuestos por el crecimiento demográfico, pero ahora nos aproximamos al umbral de lo peligroso, allí donde la rapidez y amplitud de las innovaciones tecnológicas y sociales tienen efectos contraproducentes»; [pp. 59-60]. 
Texto 5
Naturaleza y ser humano: una necesaria simbiosis
«Vista desde el ángulo visual del hombre, la naturaleza no debería ser conceptuada como un objeto que necesitamos preservar sin variación o dominar y explotar, sino más bien como un jardín cuyo cultivo debe responder a sus propias potencialidades y donde los seres humanos puedan ser lo que deseen, de acuerdo con su propio temperamento. Idealmente, hombre y naturaleza deberían asociarse en un orden funcional creador y sin represiones»; [p. 60]. 
Texto 6
La clave de nuestra supervivencia: una cuidadosa economía doméstica
«No pasará mucho tiempo sin que todas las partes del Globo hayan de ser colonizadas y alcancen un punto crítico las reservas de muchos recursos naturales. Entonces, una cuidadosa economía doméstica, y no la explotación, será la clave de nuestra supervivencia»; [p. 60]. 
Texto 7
El ser humano no ha aprendido a vivir en el “mundo-lleno” de su astronave Tierra
«Hasta ahora, el hombre se ha comportado como si las zonas a su disposición fueran ilimitadas, con infinitas reservas de aire, tierra, agua y otros recursos. En el pasado pudo hacerlo con relativa impunidad porque siempre encontraba algún lugar donde iniciar una nueva vida o emprender la aventura que más le agradara. […] Puesto que las expresiones evolutivas e históricas del hombre están tejidas en su trama mental, él encuentra, naturalmente, dificultades para encontrar un rincón de la Tierra y permanecer en él cuidándolo a conciencia. Su irreflexividad al provocar situaciones potencialmente peligrosas es el efecto parcial de no haber aprendido aún a vivir dentro de los límites de su astronave»; [pp. 60-61]. 
Texto 8
La ecología supone un equilibrio dinámico entre la naturaleza y el ser humano que es compatible con el desarrollo continuado de este último
«La actitud ecológica es tan poco familiar, incluso para muchos científicos, que se interpreta a menudo como si implicara la aceptación de un sistema totalmente estático. […] Si el concepto ecológico de la relación entre el hombre y el ambiente total significara un sistema de Estado inconmovible, la filosofía ecológica sería, sin duda, tan peligrosa como errónea, porque implicaría el fin de la aventura humana. […] Puesto que la naturaleza del hombre le induce a buscar sin cesar nuevos ambientes y emprender nuevas aventuras, no hay posibilidad de mantener un statu quo. Aunque poseyéramos suficientes conocimientos y sabiduría para alcanzar en un momento dado un estado armonioso de equilibrio ecológico entre el género humano y los demás habitantes y componentes de la astronave Tierra, sería siempre un equilibrio dinámico compatible con el desarrollo continuado del hombre. La cuestión es saber si la interacción entre el hombre y sus alrededores sociales y naturales se hallan bajo la supervisión de fuerzas ciegas o si será posible orientarla mediante un enjuiciamiento racional y deliberado»; [p. 61]. 
Texto 9
Sustituir la política de conquista de la naturaleza por la de cooperación con ella
«En lugar de imponer nuestra voluntad sobre la naturaleza en aras de la explotación, debemos intentar descubrir las cualidades inherentes a cada lugar concreto para propiciar su desarrollo. La vida humana no debería crecer cuantitativamente con la conquista de la naturaleza, sino cualitativamente en cooperación con ella. Pero la humanidad se encuentra actualmente entregada a una política de conquista»; [p. 62]. 
Texto 10
Con los pies en la Tierra: el mito del gigante Anteo
«Según la leyenda griega, el gigante Anteo solo conservaba su fuerza mientras se hallaba en contacto directo con la tierra, por lo que Hércules logró vencerle con suma rapidez al atacarle cuando el gigante tenía ambos pies levantados del suelo. Dado que el hombre aún pertenece a la tierra, también él pierde atributos esenciales para su supervivencia cuando permite que la tecnología le disocie completamente de su estado natural»; [p. 63]. 
Texto 11
El planeta Tierra debe ser administrado como un sistema ecológico integrado
«La civilización tecnológica, con sus aviones a reacción, sus agencias de viajes, sus alimentos enlatados y sus programas de televisión, ha imprimido un sello de uniformidad superficial en la mayor parte del mundo. Al mismo tiempo, todos los seres humanos se ven amenazados directa o indirectamente por la guerra nuclear, la escasez de materias primas, la falta de proteínas, los envenenamientos masivos, la radiación y las sustancias contaminantes. Por lo tanto, es imperativo que el planeta Tierra sea considerado como una unidad por parte de estadistas, tecnólogos y sociólogos, y sea administrado como un sistema ecológico integrado»; [p. 64]. 
Texto 12
La naturaleza humana está biológica y mentalmente conformada por la naturaleza del planeta Tierra
«El hombre sigue siendo de la Tierra, terrenal. La Tierra es literalmente nuestra madre, no solo porque dependemos de ella en cuanto a nutrición y cobijo, sino, aún más, porque la especie humana ha sido configurada por ella en las entrañas de la evolución. Cada persona está, además, condicionada por los estímulos que recibe de la naturaleza durante su existencia. Si el hombre colonizara la Luna o Marte ─contando incluso con abundante provisión de oxígeno, agua y alimentos, y con una adecuada protección contra el calor, el frío y la radiación─, no lograría conservar su humanidad, ya que estaría privado de aquellos estímulos que solo la Tierra puede proporcionar. Del mismo modo, aun hallándonos en la Tierra, perderemos progresivamente nuestra humanidad si continuamos ensuciando la atmósfera, el suelo, los lagos y los ríos, desfigurando el paisaje con montones de chatarra, destruyendo a las plantas y los animales salvajes, transformando, en suma, el mundo entero en un medio ajeno a nuestro pasado evolutivo. La calidad de la vida humana se halla inextricablemente entremezclada con los tipos y la variedad de estímulos que el hombre recibe de la Tierra y de la vida que esta alberga, porque la naturaleza humana está conformada biológica y mentalmente por la naturaleza externa»; [pp. 66-67]. 
Texto 13
Para el antropocentrismo ecológico, el bien del mundo coincide a largo plazo con el bien humano
«La ecología humana se ve abocada a considerar las relaciones en los sistemas desde la perspectiva que proporciona la privilegiada posición del hombre en la naturaleza. Situar al hombre en el pináculo de la creación parece incompatible a primera vista con las enseñanzas ecológicas ortodoxas. Los ecólogos profesionales tienden a sentirse agraviados por la perturbadora influencia que la intervención humana ha causado en los sistemas naturales. Pero si se formula con propiedad, el antropocentrismo es una actitud muy diferente de la tosca creencia según la cual el hombre es el único valor a considerar en lo que respecta al gobierno del mundo y que el resto de la naturaleza puede ser sacrificada libremente en aras de sus caprichos o de su bienestar. El antropocentrismo ilustrado admite que, a largo plazo, el bien del mundo coincide con el más profundo bien del hombre. El hombre puede manipular la naturaleza en interés propio siempre que primero la ame por lo que es»; [pp. 67-68]. 
Texto 14
El undécimo mandamiento: cuidar el Jardín del Edén que es nuestro planeta
«El precepto bíblico de que el hombre fue puesto en el Jardín del Edén “para que lo labrase y lo cuidase” (Génesis 2:15) constituye una primera advertencia de que somos responsables de nuestro medio ambiente. La lucha por alcanzar y mantener la calidad ambiental puede considerarse como el undécimo mandamiento, aplicado por supuesto al mundo externo pero extensible a la calidad de vida. Una actitud ética en el estudio científico de la naturaleza conduce sin dificultad alguna a una teología de la Tierra»; [p. 68]. 
Texto 15
La naturaleza hoy: entornos naturales modificados por la acción del ser humano para obtener provecho o placer
«La población mundial tiende cada vez más a emigrar a zonas urbanas. Algunos consiguen enriquecer sus vidas con la intensa emoción y el desafío que supone el alpinismo, el piragüismo en los rápidos de los ríos o la caza mayor. Pero todas estas actividades rara vez se practican durante largo tiempo. Para la mayoría de la gente, la naturaleza constituye una experiencia ocasional e incluso única. En la práctica, la manera más extendida de entrar en contacto con la naturaleza es a través de las modalidades menos audaces de acampada y del pícnic. Incluso en Estados Unidos, donde se puede acceder a la naturaleza con suma facilidad, pocos son los que van más allá de disfrutarla indirectamente o como máximo visualmente, contemplándola a distancia desde un lugar confortable. En la actualidad, como en épocas anteriores, la palabra “naturaleza” evoca para la mayoría de sus devotos un tipo de entornos naturales modificados por la acción del hombre para obtener provecho o placer. El hombre se siente ajeno a la naturaleza y ha estado huyendo de ella durante varios cientos de generaciones»; [pp. 68-69]. 
Texto 16
Planificar según la naturaleza, principio fundamental de la planificación ambiental
«[…] la transformación de la tierra por el hombre puede ser un acto creativo. Está transformación se convertirá cada vez más en la expresión de un propósito consciente basado en juicios de valor, pero solo será viable si la conversión de potencialidades en realidades humanizadas se lleva a cabo teniendo en cuenta los imperativos derivados de las características naturales del sistema. “Planificar según la naturaleza” es el principio fundamental de la planificación ambiental»; [p. 70]. 
Texto 17
Pensar globalmente; actuar localmente
«En los colleges norteamericanos y canadienses dónde he enseñado recientemente, a muchos estudiantes les interesaban gravemente los problemas ambientales y sociales, pero en particular sus aspectos en gran escala y, de preferencia, los de amplitud nacional y global. Los profesores, lo mismo que los alumnos, se sorprendieron y enojaron algo cuando yo sugerí que, en lugar de preocuparse exclusivamente por la acción o el mundo en su totalidad, deberían examinar primero más situaciones locales, por ejemplo, el desorden o suciedad de los ámbitos públicos en sus campus y el desorden en sus relaciones sociales. Mi mensaje era que el pensar globalmente es una actividad intelectual excitante, pero no sustituta del trabajo necesario para resolver los problemas prácticos locales. Si en verdad deseamos contribuir al bienestar de la humanidad y de nuestro planeta, el mejor lugar para empezar es nuestra propia comunidad y sus campos, ríos, marismas, costas, carreteras y calles, así como nuestros problemas sociales»; [pp. 72-73]. 
Texto 18
Pensar globalmente no resulta fácil a los seres humanos
«Las megaconferencias de los años setenta generaron un conocimiento global de ciertos peligros que ahora amenazan a todas las naciones, tanto a las ricas como a las pobres. No es este un logro insignificante, pues pensar globalmente no resulta fácil a los seres humanos. Como especie, el Homo sapiens ha evolucionado en pequeños grupos sociales y en ambientes físicos limitados, de modo que nuestros procesos intelectuales y emocionales no están biológicamente adaptados a las perspectivas globales o de largo alcance de cualquier situación. Solo cuando gente de todas las partes del mundo tiene la oportunidad de intercambiar pareceres sobre los problemas que afectan a unos y otros, se dan cuenta, y aun con dificultad y lentamente, de cuán hacinados nos hallamos en este pequeño planeta, cuán limitados son sus recursos y cuán diversos los peligros a que estamos cada vez más expuestos»; [p. 73]. 
Texto 19
Necesidad de encontrar nuevas fórmulas de planificación social
«Cualesquiera sean las filosofías políticas, es preciso descubrir nuevas fórmulas de planificación social para poner la tecnología a disposición de las sanas necesidades humanas, en vez de tolerar su crecimiento autónomo o su empleo como herramienta para la expansión económica o nacional. […] el planificar para unas metas humanas laudables y mejor definidas debe ser una tarea urgente si queremos evitar el mando tecnológico y poner la tecnología una vez más al servicio del hombre, sin dejarla que domine a este»; [pp. 85-86]. 
Texto 20
Necesidad de las utopías
«La frase “planificación social” suele asociarse a las utopías políticas, y por tal razón suscita escepticismo e incluso reacciones hostiles, sobre todo en Estados Unidos. […] la consecuencia lamentable de tal escepticismo es que los críticos sociales e intelectuales han propendido a darse por satisfechos con ridiculizar los tiempos en que vivimos y describir las “antiutopías” olvidándose de las utopías. Sin embargo, el formular posibilidades constructivas para las instituciones existentes es más importante, aunque también más difícil, que caricaturizar el actual estado de cosas o, simplemente, protestar contra los males sociales. Puesto que sin duda se invertirán grandes fondos y se realizarán esfuerzos en programas de mejora social y ambiental dentro de un próximo futuro, es esencial que procuremos imaginar el mundo de nuestra preferencia»; [p. 86]. 
Texto 21
La eficiencia tecnológica y la expansión económica no deben funcionar como fines, sino como medios
«Las civilizaciones suelen desaparecer a causa del desarrollo excesivo de ciertas características que al principio contribuyeron a su esplendor. Nuestra sociedad industrial peca de haber permitido a los expertos hacer de la eficiencia y de la expansión el principal criterio de éxito. Entre los signos esperanzadores de nuestro tiempo se cuentan el mar de fondo de insatisfacción ante la situación actual y la conciencia de que si las cosas se nos han ido de las manos es por culpa nuestra. Quiero repetir que la fuerza demoníaca que actúa en nuestras vidas no es la tecnología, sino la propensión a considerar los medios como fines. Debido principalmente a la presión pública, los cuerpos legislativos y gubernamental empiezan a abrir cauces para evaluar el impacto de las innovaciones tecnológicas y sociales en nuestro bienestar. El interés actual por evaluar el auténtico valor de la tecnología da a entender que, en el desarrollo de la civilización industrial, los objetivos están cobrando tanta importancia como los medios, lo cual puede representar un paso importante hacia el retorno al antiguo interés por la vida buena»; [p. 92]. 
Texto 22
Menos es más
«Toda persona razonable sabe que las mejores experiencias de la vida son gratuitas y solo dependen de nuestra percepción directa del mundo, como cuando nos sentimos alegres por el mero hecho de vivir, de ser personas de la índole que somos, estar en un ambiente amable o hacer lo que nos gusta. A lo largo de millares de años, en todas las formas, filósofos y moralistas han afirmado que la alegría no está en las cosas, sino en nosotros. Lao Tse expresó está verdad en la frase: "Quien sabe que tiene lo suficiente, es rico". Thoreau fue mucho más lejos cuando escribió: "Las oportunidades de la vida disminuyen en proporción inversa a lo que llamamos medios". Sin embargo, casi todo el mundo cree que la ciencia y la tecnología contribuyen grandemente a la felicidad, en virtud de aumentar la riqueza material»; [p. 99]. 
Texto 23
Estar mejor, pero sentirse peor
«En Estados Unidos, Europa y Japón se han realizado estudios durante los dos últimos decenios para averiguar los efectos del progreso tecnológico y del creciente estándar de vida sobre la salud, la felicidad y la tranquilidad mental. Los resultados, en lo esencial iguales en todos los países industrializados ricos, revelaron curiosas paradojas. Mucha gente cree que el conocimiento y el estado de la salud han mejorado algo durante los últimos cincuenta años; pero la gran mayoría de las personas creen que la felicidad interior y la paz mental han disminuido. Como dije antes, “estar mejor, pero sentirse mejor” fue la frase propuesta por los expertos del simposio de la Fundación Rockefeller para transmitir su impresión respecto a la situación médica del país. [...] Hay muchas maneras de definir y medir la riqueza y el crecimiento, aparte de las basadas en el consumo material. Libertad personal, tiempo libre, artes creativas, nivel de alfabetización, consumo de drogas, frecuencia de delitos, suicidios o enfermedades y muchos otros elementos que acuden fácilmente a la mente debieran ser ingredientes de un índice de bienestar que estaría mucho más cerca que el PNB de lo que la gente considera factores de importancia en la calidad de vida. Los intentos de reformular las prioridades con fundamento en criterios no económicos van contra la tendencia dominante en las sociedades industriales, y seguramente resultará difícil impartir a los jóvenes la educación que los prepare para estilos de vida en que el espíritu de comunidad y cierto grado de autosuficiencia sean tan importantes como ahora son la adquisición y acumulación de riqueza»; [pp. 100-101]. 
Texto 24
Hacía una cultura humanista posindustrial
«La sociedad tecnológica sabe cómo crear riqueza, pero su éxito definitivo depende de su capacidad para formular una cultura humana posindustrial. El tránsito desde la obsesión por el crecimiento cuantitativo a la búsqueda de una vida mejor no será posible sin un cambio radical de las actitudes. La primera Revolución industrial recompensó a la inteligencia cualitativamente más adecuada para la invención de artículos manufacturables, así como la producción y distribución de ellos en gran escala. Por el contrario, una sociedad humanística premiaría más pródigamente la aptitud para facilitar mejores relaciones humanas e interacción más creativa entre las personas, la naturaleza y la tecnología»; [p. 101]. 
Texto 25
Necesidad de una nueva ética social que supere la mentalidad colectiva que aprueba el crecimiento ilimitado
«Todos sabemos que las actuales condiciones sociales menoscaban nuestra existencia, y, sin embargo, participamos en un sistema que deteriora al mismo tiempo la Tierra y las relaciones humanas. [...] Las diatribas contra el actual estado de cosas siguen siendo amorfas e ineficaces, en especial porque no es posible cambiar con meros actos negativos los hábitos, tendencias y políticas existentes. Se requieren creencias positivas. [...] Nos será imposible transformar el mundo mientras no eliminemos de nuestra mentalidad colectiva la noción de que el hombre tiene por objetivo conquistar la naturaleza y someter la mente humana. Semejante cambio de actitud no será nada fácil. La incesante búsqueda para dominar la naturaleza y promover un crecimiento ilimitado engendra una atmósfera muy estimulante, casi tóxica, mientras que el simple indicio de una estabilización incipiente crea apatía. Por esa misma razón, solo podremos cambiar nuestras costumbres cuando adoptemos una nueva ética social [...] que deberá tener por fundamento, cualesquiera que sean sus formas, la armonía entre la naturaleza y el hombre a la par, en lugar del impulso dominador»; [pp. 103-104]. 
Texto 26
Consecuencias del crecimiento insostenible
«La expansión indisciplinada e incoherente experimentada por las sociedades tecnocráticas de las últimas décadas acarrearía, sin duda, el fin de la condición humana si se prolongará mucho más. [...] la crisis ambiental del mundo moderno revela, por añadidura, que la prosperidad mal administrada puede destruir por completo la vida humana. [...] Los altos niveles de prosperidad pueden crear toda una serie de situaciones indeseables, acumuladas a lo largo de la vida: contaminación atmosférica, alimentación excesiva, falta de ejercicio físico, constante solicitación de los estímulos e insoslayable extrañamiento de los ritmos biológicos son solo algunas de esas numerosas manifestaciones»; [pp. 104-105]. 
Texto 27
El evangelio del crecimiento: producir, consumir, producir más
«Todas las sociedades sometidas a la influencia civilizadora occidental acatan hoy el evangelio del crecimiento [...]: produce más para que puedas consumir y luego producir más todavía. No se necesita ser sociólogo para saber que tal filosofía es insana. El crecimiento acelerado no puede prolongarse mucho tiempo y, por supuesto, jamás indefinidamente»; [p. 106]. 
Texto 28
El hombre fáustico, principal obstáculo del equilibrio del ser humano con el resto de componentes de la naturaleza
«La preservación significa un equilibrio entre los múltiples componentes de la naturaleza. Es difícil conciliar semejante doctrina con la civilización occidental, erigida sobre el concepto fáustico de que el hombre no debería reconocer límites para su poder. El hombre fáustico disfruta con el dominio del mundo externo y la persecución incesante de lo inalcanzable. Aquí no hay ninguna oportunidad de equilibrio estable»; [pp. 106-107]. 
Texto 29
El concepto criminal de “conquista de la naturaleza”
«La expresión “conquista de la naturaleza” es sin duda una de las más censurables y engañosas de las lenguas occidentales, pues refleja la ilusión de que todas las fuerzas naturales pueden ser totalmente controladas y expresa el concepto criminal de que la naturaleza debe ser considerada principalmente como una fuente de materia prima y energía al servicio del hombre. Está opinión acerca de la relación del hombre con la naturaleza es tan destructiva como filosóficamente insostenible. Una relación con la tierra basada únicamente en su utilización con miras al enriquecimiento económico está destinada a provocar no solo su degradación, sino también la de la propia vida humana. Es una perversión que, de no corregirse en breve, se convertirá en una enfermedad fatal de las sociedades tecnológicas»; [pp. 107-108]. 
Texto 30
Nuestro concepto de “progreso” es obra de un lavado de cerebro que nos impide entenderlo de otro modo que no sea como crecimiento cuantitativo
«Parece natural pensar que los seres humanos corrientes no han de tener dificultad en abandonar su interés por el volumen de producción y poner sus miras en la calidad de vida. En la práctica, sin embargo, el cambio resultará difícil a causa del lavado de cerebro de que hemos sido víctimas y que nos ha hecho creer que toda mejora en nuestras vidas depende del crecimiento cuantitativo de la economía de extracción. Para la gran mayoría, la mera expresión “situación estable” implica estancamiento seguido de decadencia. Sin embargo, numerosos ejemplos históricos demuestran que pueden producirse grandes y beneficiosos cambios cualitativos sin necesidad de un crecimiento cuantitativo importante. [...] Sin duda hay argumentos de peso a favor de la opinión de que será más fácil concentrar nuestros pensamientos y esfuerzos en la consecución de una mayor calidad de vida una vez nos hayamos liberado de nuestra actual obsesión por el crecimiento cuantitativo. En última instancia, debemos reconsiderar el significado del concepto de “progreso”. […] Actualmente, la palabra “progreso” se asocia al tipo de movimiento hacia delante que permite reproducir cada vez más y más deprisa todo lo que pueda producirse, sin tener en cuenta el daño causado al entorno y a los valores humanos»; [pp. 110-111]. 
Texto 31
Fausto: símbolo del hedonismo egocéntrico que nos conduce al abismo
«Resulta descorazonador que la única leyenda de importancia creada por la civilización occidental sea la de Fausto. La actitud del sabio y enérgico doctor Fausto es un símbolo de nuestra propia impaciencia por dominar el mundo sin reparar en las consecuencias que ello pueda acarrear. Fausto estaba dispuesto a vender su alma al diablo para poder disfrutar de los placeres mundanos y ver realizadas sus egocéntricas ambiciones; asimismo, el hombre moderno, el hombre fáustico, no vacila en poner en peligro el futuro de la humanidad en su afán por alcanzar sus metas. [...] El hombre moderno no pide ayuda al diablo para satisfacer sus ambiciones: le basta con hacer uso de la ciencia y de la tecnología sin pensar en el futuro. Cuanto más absoluto sea el dominio del hombre fáustico y más se adhiera este a la filosofía de que la naturaleza debe ser conquistada, más rápidamente se deteriora el entorno y más calidad perderá la vida humana»; [pp. 111-112]. 
Texto 32
Residuos, reciclaje y obsolescencia
«[...] la mejor manera de tratar el problema de los desechos consiste en disminuir la cantidad en que se producen; por ejemplo cambiando razonablemente los modos de vivir y, especialmente, mejorando la durabilidad de los bienes fabricados. En términos de coste de energía es siempre preferible hacer el producto más duradero que recurrir al reciclaje. Si el perfeccionamiento de las técnicas de reciclaje fuese para estimular la obsolescencia, el efecto a largo plazo sería un empeoramiento más en el arte de producir bienes de valor duradero. Desde luego, la disminución de la producción de desechos per cápita contribuirá indudablemente a la calidad de la civilización»; [pp. 118-119]. 
Texto 33
Afirmar que debemos entregarnos al progreso tecnológico por el mero hecho de que podemos es sinónimo de abdicación ética e intelectual
«Hace pocos años, los científicos americanos podían decir: “debemos ir a la Luna por la sencilla razón de que podemos hacerlo”. Con tal manifestación se hacían eco del presidente John F. Kennedy, quién, a su vez, había remedado la declaración hecha por el montañero inglés George Mallory sobre la escalada al monte Everest: “Es preciso escalarlo... simplemente porque está ahí”. Semejantes afirmaciones son admirables [...]. Pero las expresiones gallardas no pueden sustituir adecuadamente a la responsabilidad [...]. Así pues, la declaración de que debemos hacer algo porque podemos hacerlo es anodina desde los puntos de vista empírico y ético. Prácticamente es sinónima de una abdicación intelectual. A semejanza de otros seres humanos responsables, los científicos y sociólogos deben obrar con discernimiento y fundarse en el enjuiciamiento de valores para seleccionar las metas»; [pp. 122-123]. 
Texto 34
El progreso tecnológico emprendido para solucionar los problemas de ayer genera nuevos problemas hoy
«[…] los progresos tecnológicos plantean sin cesar nuevos dilemas [...] Reglamentación social, embotellamiento de la circulación rodada, contaminación atmosférica, exposición constante a los ruidos, y otros estímulos indeseables figuran entre las innumerables secuelas del crecimiento económico y tecnológico. Y muchas innovaciones que cooperaron a enriquecer y fortalecer nuestra sociedad en el pasado amenazan con paralizarla más adelante. La abundancia de mercancías, el exceso de comodidad y la multiplicación de las comunicaciones generan en el mundo moderno situaciones tan perturbadoras ─o poco menos─ como las originadas por la escasez de alimentos, el trabajo físico agotador y el aislamiento social. Estamos creando nuevos problemas cuando nos aprestamos precisamente a solventar aquellos que modificaron al género humano en el pasado»; [pp. 123-124]. 
Texto 35
Necesidad de un humanismo científico que integre una visión global del ser humano en una concepción global de la naturaleza
«[…] es preciso estudiar los sistemas como un conjunto con toda la complejidad de sus acciones recíprocas. […] Para que la ciencia tenga plena aplicación a la vida, debe considerar las respuestas del organismo total ante el medio ambiente total. […] La sabiduría completa requiere las actitudes de filósofos y científicos por igual, integradas en el plano superior del ser metatécnico y el destino humano. Un racionalismo puro degrada la sabiduría hasta el nivel de abstracciones anodinas, y un raciocinio tecnocrático hace autómatas de los hombres. […] Por consiguiente, una filosofía social adecuada a nuestros tiempos debe incluir el humanismo científico»; [pp. 124-125]. 
Texto 36
La adaptabilidad humana enmarca las fronteras del cambio tecnológico
«Se cultiva el mito de que, como el hombre tiene una extraordinaria capacidad de adaptación a los medios ambientes cambiantes, podemos transformar de manera incesante su vida y hasta su propio ser, sin riesgo alguno, mediante la tecnología. Como es natural, la adaptabilidad humana, tanto fisiológica como psicológica, tiene sus límites, los cuales deben determinar las fronteras del cambio tecnológico»; [p. 126]. 
Texto 37
Efectos nocivos de la revolución industrial: “un lamentable erial del que el hombre será el primero en desaparecer”
«La revolución industrial, con su producción masiva de energía y artículos manufacturados y la expeditiva inyección de procedimientos tecnológicos en todas las actividades sociales, está empezando a desbaratar por doquier los grandes procesos dinámicos que han logrado mantener hasta ahora la compatibilidad entre tierra y vida humana. Se industrializa incluso el medio agrícola; la aplicación masiva de fertilizantes químicos e insecticidas está cambiando la naturaleza del agro, malbaratado las reservas de agua y causando violentas perturbaciones ecológicas. Cada vez talamos más bosques e inundamos más desiertos para tener más tierra laborable. Por otra parte, destruimos fértiles campiñas para construir fábricas, autopistas y complejos urbanísticos […]. Primero arrasamos los bosques para dar paso a las granjas, y luego derruimos las granjas para erigir ciudades con sus arrabales. En casi todo el mundo se aprovecha el suelo, no como una morada, como un medio ambiente para la creación de cultura, sino como objeto de explotación exhaustiva y especulación. Eliminamos toda forma de vida silvestre que parezca disputarnos el espacio y el alimento; toleramos la presencia de animales, plantas y paisajes mientras sirvan a una finalidad económica. […] Nos estamos quedando sin aire respirable en muchas ciudades, y a veces los vegetales comestibles sufren tanto bajo los efectos de elementos contaminadores, que sus taras los hacen invendibles […] según palabras de William Faulkner, “[…] un lamentable erial, del que el hombre será el primero en desaparecer”»; [pp. 127-128]. 
Texto 38
Nos abocamos, no a la extinción de la vida sobre la Tierra, si no a su degradación
«En los países industrializados, los profetas del apocalipsis saltan a la palestra y anuncian a los cuatro vientos los mil males de la crisis ecológica. Según ellos, el año 2000 no será el alba de la utopía tecnológica, sigo el sombrío ocaso de muchas formas de vida, especialmente la humana. Aun compartiendo su preocupación, dudo de que el hombre esté a punto de autodestruirse, excepto, por supuesto, en el caso de una guerra nuclear. […] El peligro inmediato no es la destrucción de la vida, sino su progresiva degradación. Los agentes contaminantes empobrecen la rica complejidad de los sistemas ecológicos y merman por tanto su estabilidad. Los ambientes excesivamente traumáticos o carentes de estímulos adecuados conducen a una deshumanización progresiva. Si la tendencia actual se mantiene unas cuantas décadas más, la humanidad estará sin duda condenada, pero no a la extinción, sino a una vida biológica y emocionalmente empobrecida»; [pp. 135-136]. 
Texto 39
Prometeo: emancipador del hombre y promotor de su enajenación respecto de la naturaleza a través del progreso tecnológico
«[…] Prometeo, el semidiós que robó el fuego a Zeus y se lo entregó al hombre. Según el mito de Prometeo, el dominio del fuego hizo al hombre superior a los animales al permitirle fabricar herramientas, calentar su vivienda, establecer el comercio, desarrollar la medicina y crear las artes. […] El mito de Prometeo simboliza la liberación del hombre de su esclavitud animal y el enaltecimiento de su vida. Sin embargo, desde los primeros días de la civilización, el hombre no solo ha utilizado sus habilidades de manera creativa sino también, y muy a menudo, de forma destructiva o al menos egoísta. Se ha embarcado en innumerables empresas militares, ha realizado inútiles alardes de riqueza para satisfacer su orgullo y ha manifestado una arrogancia cada vez mayor que le ha llevado a creer que su poder es ilimitado. Las visiones utópicas que la tecnología nos ha permitido vislumbrar nos han hecho sentir amos del planeta, no sus inquilinos. Identificamos el progreso con la conquista del mundo externo»; [pp. 139-140]. 
Texto 40
Año 1981: Estados Unidos consume el 40% de los recursos mundiales
«Con solo el 6 por ciento de la población del mundo, Estados Unidos usa y consume aproximadamente el 40 por ciento de los recursos mundiales. Estas cifras abstractas adquieren significación más concreta si se toma en consideración que por cada habitante de Estados Unidos, en un determinado momento, se hallan en uso 10.000 kilogramos de acero, 160 de cobre, 150 kilogramos de plomo, 125 de aluminio, 125 kilogramos de cinc y 20 de estaño»; [pp. 146-147]. 
Texto 41
Lluvia ácida y calentamiento global
«[…] los ácidos que produce la oxidación del azufre y el nitrógeno en los motores de combustión interna y en las plantas de energía, arrastrados por las corrientes de aire sobre vastas extensiones, llegan a la superficie de la tierra y a los cuerpos de agua en forma de lluvia ácida que lava ciertos constituyentes del suelo, lesiona la vegetación y altera y perjudica a la flora y la fauna acuáticas. […] Hay que producir técnicas que disminuyan la contaminación atmosférica a un nivel tolerable. Pero no hay manera posible de quitar la contaminación por el calor, pues su producción es consecuencia inevitable de la generación y del consumo de la energía»; [pp. 148-149].
René Dubos, Pensar globalmente, actuar localmente, edición de Carmen Madorrán Ayerra, Catarata, Madrid, 2016.