sábado, 27 de junio de 2026

Después de Marx: el desarrollo teórico del marxismo

APUNTES PARA EL BACHILLERATO
DESPUÉS DE MARX: EL DESARROLLO TEÓRICO DEL MARXISMO


DESPUÉS DE MARX: EL DESARROLLO TEÓRICO DEL MARXISMO

1) El revisionismo del socialdemócrata Eduard Bernstein.
 
La primera revisión del marxismo comienza estrictamente tras la muerte de Marx y Engels y le corresponde a Eduard Bernstein (1850-1932). Este había mantenido una estrecha amistad con Engels. La obra en que Bernstein expone su reformismo de manera sistemática se titula Las premisas del socialismo y las tareas de la socialdemocracia (1889). En esta, Bernstein se opone a la revolución como vía para la emancipación del proletariado y defiende, en su lugar, la necesidad de efectuar reformas en el Estado que permitan su democratización. Para Bernstein, el Estado no es como para Marx― necesariamente un órgano de opresión al servicio de los propietarios. De ahí la necesidad de orientarlo hacia la socialdemocracia, por medio de la cual se alcanzaría la realización del socialismo.

Eduard Bernstein, Socialismo democrático, Tecnos, Madrid, 1990.

2) Rosa Luxemburg: el socialismo no caerá del cielo.
 
La obra fundamental de Rosa Luxemburg (1870-1919) es La acumulación de capital (1913). En esta, Luxemburg manifiesta que la historia no se dirige ineluctablemente hacia el socialismo. El hundimiento del capitalismo sí es inevitable, pero para que el socialismo triunfe se requiere propiciar su llegada a través de un proletariado activo guiado por los socialistas revolucionarios. Luxemburg estudia la expansión imperialista del capitalismo. Este, empujado por las leyes inmanentes de su desarrollo, tiende a expandirse de país en país conquistando un mercado tras otro con objeto de poder vender los bienes excedentes que produce. Sin embargo, dado que la cantidad de países y mercados a conquistar es limitada, el capitalismo se dirige hacia su hundimiento. Cuando le llegue su hora, el proletariado revolucionario deberá propiciar el socialismo desde la socialdemocracia.

Rosa Luxemburg, Reforma o revolución, Akal, Madrid, 2021.

3) El marxismo en la Unión Soviética.
 
Como líder del partido bolchevique, Lenin ―Vladímir Ilich Uliánov, (1870-1924)― fue el primer presidente de la URSS tras la revolución de octubre de 1917 en Rusia. Con él en el poder, el partido bolchevique se convirtió en órgano de gobierno bajo el nombre de Partido Comunista. Lenin concebía el partido como un conjunto selecto de revolucionarios de profesión cuya misión era preservar a toda costa el marxismo. Este centralismo burocrático fue enérgicamente criticado por algunos de los marxistas rusos más renombrados, como Georgi V. Plejanov (1856-1918) y Lev Trotsky (1879-1940), para quienes la deriva leninista era liberticida y contraria al socialismo. Tras la muerte de Lenin, fue Iosif Stalin (1878-1953) quien se hizo con el control del Partido Comunista y con la presidencia de la URSS. Stalin radicalizó la vertiente centralista del partido, dirigiéndolo hacia el control de la cultura y la persecución de los disidentes. El propio Trotsky fue asesinado en México por orden de Stalin.

Vladímir Ilich Uliánov (Lenin), Imperialismo: la fase superior del capitalismo, Taurus, Barcelona, 2023.

4) El marxismo occidental de György Lukács.
 
La obra fundamental del húngaro György Lukács (1885-1971) es la colección de ensayos Historia y conciencia de clase (1923), donde Lukács pretende un regreso a la ortodoxia marxiana a partir de la recuperación del método dialéctico como el más adecuado para comprender la historia. Para Lukács, la ortodoxia marxiana no está constituida por el conjunto de los resultados de las investigaciones de Marx ―como si las tesis de este tuvieran que ser aceptadas acríticamente―. Antes bien, la ortodoxia está en el método. Este último, según Lukács, debe tratar la realidad social en su totalidad. Así concebida, la realidad social del capitalismo, entendida como totalidad, solo podrá ser superada a través de la conciencia de clase del proletariado, pues esta es la única que tiene por objeto realizar una sociedad total, es decir, sin clases, para lo cual no dudará en negarse a sí misma. La conciencia burguesa, al contrario que la conciencia de clase del proletariado, no aspira a una transformación total, pues si negara las contradicciones internas del capitalismo pondría en riesgo la propia existencia de la burguesía, algo que no está dispuesta a aceptar.

György Lukács (1885-1971).

5) El neomarxismo en Francia: Louis Althusser.

Louis Althusser (1918-1990) emplea elementos intelectuales procedentes del estructuralismo y de la epistemología de su maestro Gaston Bachelard para interpretar el marxismo. Según él, en 1845 se produce una ruptura epistemológica en la obra de Marx. En esta fecha, como reflejan sus obras Tesis sobre Feuerbach y La ideología alemana, Marx efectúa una brusca y decisiva transición desde la filosofía hacia la ciencia ―considerando a esta última, pero no a la primera, como una teoría descriptiva de la realidad―. Marx abandona categorías filosóficas como, por ejemplo, «esencia del hombre» o «alienación», y las sustituye por otras nuevas vinculadas al conocimiento científico de la historia, como «fuerzas productivas» o «relaciones de producción». Gracias a esta ruptura o giro epistemológico ―apunta Althusser―, Marx despliega un antihumanismo que es la condición necesaria para el conocimiento del ser social humano y para su transformación práctica, pues el humanismo, al hablar de un hombre por completo imaginario, no sería otra cosa que mera ideología.

Louis Althusser (1918-1990).

6) El neomarxismo en Italia: Antonio Gramsci.
 
La obra de Antonio Gramsci (1891-1937) se halla contenida principalmente en sus Cuadernos desde la prisión. Una de sus aportaciones más relevante al neomarxismo es su teoría de la hegemonía. Según esta, para que una clase pueda constituirse en sujeto histórico y encarnar a la sociedad en su integridad, antes tiene que convertirse en hegemónica, en dominante. Para disputarle la hegemonía al capitalismo, la clase trabajadora ―apunta Gramsci― debe convertirse en clase dirigente, es decir, debe sacar a la luz los problemas de la sociedad y hacer de vanguardia en el proceso de su solución. En esta tarea, el papel del intelectual orgánico ―así como el del partido― es fundamental. Los intelectuales serían los representantes de la ciencia y de la técnica que darían al proletariado la conciencia de su misión histórica; es más, el partido mismo podría considerarse como la representación colectiva del intelectual orgánico por cuya pedagogía y dirección se consigue la hegemonía.

Michael Löwy, El marxismo olvidado, Sylone, Barcelona, 2018.

7) La Escuela de Frankfurt y el marxismo.
 
La Escuela de Frankfurt tuvo su origen en el Instituto para la Investigación Social fundado en Frankfurt a principios de la década de 1920. Uno de sus primeros directores fue Max Horkheimer, quien obtuvo el puesto en 1931. Con él, el Instituto adquiere los rasgos propios de una escuela y la actividad de sus integrantes se focaliza en la elaboración de una «teoría crítica de la sociedad» a partir de la fusión entre marxismo y teoría freudiana. En palabras de Horkheimer, la teoría crítica tiene por objeto sacar a la luz las contradicciones fundamentales de la sociedad capitalista y estimular una transformación racional de esta que tenga en cuenta la libertad, la creatividad y la colaboración armoniosa entre los seres humanos. Algunos de los diversos temas de los que se ocupa la Escuela de Frankfurt son los siguientes: el fascismo, el nazismo, el estalinismo, la guerra fría, la sociedad opulenta, la revolución pendiente, el arte de vanguardia, la tecnología, la industria cultural, el marxismo, el psicoanálisis, etc. Por su parte, integrantes de esta escuela fueron el ya citado filósofo Max Horkheimer; el filósofo, sociólogo y musicólogo Theodor W. Adorno; el filósofo Herbert Marcuse; el sociólogo y psicoanalista Erich Fromm; y el filósofo y crítico literario Walter Benjamin.

Max Horkheimer (1895-1973) y Theodor W. Adorno (1903-1969).

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