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miércoles, 1 de mayo de 2019

Aristóteles, "Ética a Nicómaco"

─ PRETEXTOS ─
ARISTÓTELES
ÉTICA A NICÓMACO
por
Raúl Garrobo Robles

Tras visitar un par de librerías especializadas en la compraventa de libros de segunda mano, fue esta traducción de la Ética a Nicómaco adquirida a la sazón la que, entre las recientes adquisiciones, terminó imponiéndoseme irresistiblemente. Leído con fervor durante las semanas postreras de una inminente paternidad, este tratado de Aristóteles alumbra entre sus páginas el canon de la ética grecorromana: desde la por sí misma deseable “vida buena” o “buen vivir” como finalidad de una vida humana en acuerdo con el ejercicio de la virtud, hasta la necesidad de amistad entre los hombres virtuosos. Ética finalista por excelencia, la aristotélica no es, como la epicúrea, una ética asertiva, suerte de GPS para recorrer sin miedo a equivocarnos el camino correcto hacia la felicidad, sino deliberativa, pues, a la manera de una brújula, se ofrece como instrumento para, por sucesivas aproximaciones, hacernos corregir el rumbo evitando que caigamos por exceso o por defecto en comportamientos y pasiones erróneas. En tiempos de zozobra, bien pudiera saber a poco, pues no hay aguja certera en el interior de la tempestad.

Aristóteles, Ética a Nicómaco, traducción de José Luis Calvo Martínez, Alianza Editorial, Madrid, 2004.

domingo, 15 de abril de 2012

Aristóteles: Teoría física o Filosofía natural

ARISTÓTELES: TEORÍA FÍSICA O FILOSOFÍA NATURAL
por
Peredur

La phýsis en la filosofía precedente y la noción aristotélica de phýsis.

Los naturalistas presocráticos definieron la phýsis como el origen y fundamento de la realidad. Los sofistas, más preocupados por los aspectos sociales y culturales del ser humano que por la naturaleza como tal, ampliaron el concepto al oponerle el de nómos (‘uso’, ‘costumbre’, ‘norma’). Platón también modificó la noción de phýsis al concebir la naturaleza como una realidad de segundo orden, por debajo de las Ideas.

En divergencia con sus predecesores, Aristóteles define la phýsis como aquello que tiene en sí mismo un principio de cambio, movimiento o reposo. Esta noción hace referencia a todas aquellas realidades que existen por naturaleza (un caballo, un árbol, una piedra, un rayo, etc.), en oposición a aquellas otras que existen por producción (los artefactos, las obras de arte, etc.) o por abstracción (los objetos matemáticos, los términos de la lógica, etc.).

Teoría hilemórfica: materia y forma.

A pesar de rechazar la Teoría de las Ideas de su maestro Platón, Aristóteles coincide con éste en la necesidad de concebir una esencia o universal ─el Ser─ sin la cual las cosas particulares no podrían ser ni existir. Platón denominaba a esta esencia ‘Idea’ y la consideraba como una realidad separada de las cosas y existente por sí misma; Aristóteles, en cambio, la denomina ‘forma sustancial’, y lejos de concebirla como una entidad transcendente, separada del mundo físico, la considera como una realidad inmanente a éste, es decir, unida a la materia. ‘Materia’ (hýle) y ‘forma’ (morphé) constituyen, pues, los elementos fundamentales con los que Aristóteles pretende explicar la phýsis, motivo éste por el que estos términos dan nombre a su teoría conocida como ‘hilemórfica’.

A) Materia prima o ‘materia primera’.

Para Aristóteles la materia reúne las siguientes características:

Es el sustrato indeterminado que entra en la composición de todas las cosas físicas. Observamos aquí la influencia en Aristóteles de lo ápeiron de Anaximandro.
Es eterna; no ha nacido ni puede perecer.
No existe independientemente de la forma. Siguiendo a Empédocles, Aristóteles considera que los cuerpos más simples que existen son la tierra, el agua, el aire y el fuego. Éstos, sin embargo, son ya un compuesto de materia y forma.
Es condición indispensable para la existencia del cambio, el cual resulta de la modificación de la materia al añadírsele a ésta una forma. Por ello, de existir seres sin materia, tales seres no cambiarían y, en consecuencia, no pertenecerían al mundo físico.
Es pura potencia, pero no es en acto. Es decir, es capacidad para ser, pero ella misma, por sí sola ─sin una forma─ no es ser.

B)  Forma sustancial o ‘sustancia segunda’.

Las formas funcionan en la filosofía de Aristóteles de manera similar a como las Ideas lo hacían en el pensamiento de Platón. Al igual que éstas, son eternas, universales y constituyen la esencia de las cosas. Sin embargo, a diferencia de las Ideas, las formas no existen separadas de la materia, con la sola excepción del Primer Motor o Motor Inmóvil ─Dios─.

Todos los seres naturales tienen una forma que les hace ser lo que son. En el caso de los seres vivos, la forma es el alma.

Por lo general Aristóteles entiende por ‘sustancia’ el compuesto de materia y forma, aunque en determinadas ocasiones también denomina así a la forma por sí sola. Por ello, para distinguir una de otra, a la unión de materia y forma la denomina ‘sustancia primera’, y a la forma por sí sola, ‘sustancia segunda’ o ‘forma sustancial’.

C) El compuesto materia y forma: ‘sustancia primera’ o ‘materia segunda’.

Al compuesto de materia prima y forma sustancial Aristóteles le denomina generalmente ‘sustancia primera’ ─ousía: ‘sustancia’, ‘entidad’─, aunque en ocasiones también emplea la expresión ‘materia segunda’.

El movimiento o cambio: potencia y acto.

A) Inteligibilidad del movimiento: ‘ser en potencia’ y ‘ser en acto’.

Aristóteles afirma que la realidad del movimiento y la existencia del cambio son hechos incuestionables, comúnmente constatables a través de la experiencia. Parménides, sin embargo, consideraba el movimiento como algo racionalmente imposible, pues su existencia conduce a una contradicción, a saber, que algo que no es llegue a ser o que algo que es deje de ser. Con objeto de superar esta objeción desde el propio terreno de Parménides ─el de la razón independientemente de la experiencia─, Aristóteles distingue dos tipos de no-ser:

a) El no-ser absoluto, esto es, el no-ser de aquello que no puede llegar a ser ─como cuando decimos que una piedra no es un árbol─.

b)  El no-ser relativo, es decir, el no-ser de aquello que puede llegar a ser ─como, por ejemplo, cuando afirmamos que una semilla no es un árbol, aunque pueda llegar a serlo─.

El paso del no-ser, en sentido absoluto, al ser, es imposible, tal y como sostenía Parménides. Sin embargo, sí es posible el paso del no-ser, relativo, al ser, y en esto consiste precisamente el movimiento o cambio. Aristóteles denomina al no-ser relativo ‘ser en potencia’, y al ser en sentido pleno ‘ser en acto’. ‘Potencia’ es la traducción del vocablo griego (dýnamis), esto es, ‘capacidad’. Así, por ejemplo, el mármol tiene dýnamis para ser estatua. ‘Acto’, por su parte, procede de la traducción de dos términos empleados por Aristóteles: (enérgeia), que viene a significar ‘en trabajo’, y (entelécheia), algo así como ‘tenerse en el fin’.

B) Definición de movimiento.

La distinción entre ser en potencia y ser en acto permite a Aristóteles ofrecer una nueva definición de ‘movimiento’ según la cual éste es el paso del ser en potencia al ser en acto, es decir, un proceso teleológico u orientado a un fin: la actualización.

C) Clases de movimiento o cambio.

Para Aristóteles existen dos tipos principales de cambio: el sustancial y el accidental.

El cambio sustancial supone la sustitución de una esencia o forma sustancial por otra completamente distinta. Así, por ejemplo, un árbol pasa a ser leña cuando es cortado en partes. En este proceso permanece la materia prima, pero la forma sustancial se pierde y es sustituida por otra distinta; es decir, se produce el paso de la corrupción a la generación.

En cuanto al cambio accidental, éste no supone la sustitución de la forma sustancial por otra, sino tan sólo su modificación, la cual puede ser de tres tipos: de cualidad, de cantidad y de lugar. En los cambios cualitativos se produce una alteración de la sustancia ─como cuando una manzana verde madura─; en los cuantitativos la sustancia se ve afectada por el crecimiento o la disminución ─como un árbol en crecimiento─; finalmente, en los cambios locativos o de lugar se produce un desplazamiento de la sustancia, que puede ser de rotación o de traslación ─como el de la lluvia al caer o el de los astros en el cielo─.

Así, pues, tanto en los cambios sustanciales como en los accidentales lo que cambia es siempre la forma, permaneciendo la materia.

D) Causas del movimiento o cambio.

A la hora de explicar el movimiento, el cambio y el reposo Aristóteles se sirve de cuatro causas o principios, dos de naturaleza intrínseca ─la causa material y la causa formal─ y otras dos de naturaleza extrínseca ─la causa eficiente y la causa final─. Las causas intrínsecas son aquellas que afectan a la sustancia desde dentro, mientras que las extrínsecas lo hacen desde fuera. Veámoslas en detalle.

Materia o causa material. La materia, que es pura potencia, recibe la nueva forma, posibilitando así el cambio, el movimiento o el reposo. Es, pues, una causa o principio pasivo, pues la materia se limita a recibir la forma.
Forma o causa formal.  La forma es la encargada de actualizar el ser en potencia de la sustancia, permitiendo así tanto los cambios sustanciales como los accidentales.
Agente motor o causa eficiente. Es el agente o motor del movimiento. Cuando se trata de una entidad natural el agente del movimiento coincide con la forma sustancial. Así, por ejemplo, la causa eficiente del crecimiento de una semilla hasta que llega a ser árbol coincide con su causa formal. En cambio, cuando se trata de una entidad producida por la téchne el agente del cambio no es otro que el autor de la obra. Tal es el caso, por ejemplo, del escultor que da forma al mármol hasta obtener la estatua deseada.
Finalidad o causa final. Es el fin, objetivo o finalidad hacia el que se encamina el cambio. Cuando se trata de una entidad natural el fin viene determinado por la forma. Así, retomando el ejemplo de la semilla, el fin de ésta ─llegar a ser árbol─ le viene impuesto por su propia forma sustancial, la cual no pretende sino actualizarse. Pero cuando se trata de una entidad fruto de la téchne su finalidad no es otra que la intención de su agente motor o creador. En el caso de una estatua, la intención puede ser decorativa, económica, etc.

E) El origen del movimiento: el Primer Motor o Motor Inmóvil.

Siendo el movimiento un proceso orientado a un fin, es decir, un proceso en el que una sustancia busca actualizar su potencialidad en vistas a la consecución de un determinado fin, se hace necesaria la existencia de un fin último, plena actualidad y perfección, que ponga en movimiento el universo sin llegar él mismo a moverse. Este fin último no es otro para Aristóteles que el Primer Motor o Motor Inmóvil: una sustancia inmaterial, carente de todo cambio y eterna que para funcionar como origen del movimiento debe ser forzosamente forma pura, sin materia, y acto puro, sin potencia.

Textos
«Algunas cosas son por naturaleza, otras por otras causas. Por naturaleza, los animales y sus partes, las plantas y los cuerpos simples como la tierra, el fuego, el aire y el agua ─pues decimos que éstas y otras cosas semejantes son por naturaleza. Todas estas cosas parecen diferenciarse de las que no están constituidas por naturaleza, porque cada una de ellas tiene en sí misma un principio de movimiento y de reposo, sea con respecto al lugar o al aumento o a la disminución o a la alteración. Por el contrario, una cama, una prenda de vestir o cualquier otra cosa de género semejante, en tanto que las significamos en cada caso por su nombre y en tanto que son productos del arte [téchne], no tienen en sí mismas ninguna tendencia natural al cambio; pero en cuanto que, accidentalmente, están hechas de piedra o de tierra o de una mezcla de ellas, y sólo bajo este respecto, la tienen. Porque la naturaleza [phýsis] es un principio y causa del movimiento o del reposo en la cosa a la que pertenece primariamente y por sí misma, no por accidente»; Aristóteles, Física, 192b 1-23.
«Acto es, pues, que la cosa exista, pero no como decimos que existe en potencia. Decimos que existe en potencia, por ejemplo, el Hermes en la madera y la semirrecta en la recta entera, ya que podría ser extraída de ella, y el que sabe, pero no está ejercitando su saber, si es capaz de ejercitarlo. Lo otro, por su parte, [decimos que está] en acto. Lo que queremos decir queda aclarado por medio de la inducción de los casos particulares, y no es preciso buscar una definición de todo, sino que, a veces, basta con captar la analogía en su conjunto: que en la relación en que se halla el que edifica respecto del que puede edificar se halla también el que está despierto respecto del que está dormido, y el que está viendo respecto del que tiene los ojos cerrados, pero tiene vista, y lo ya separado de la materia respecto de la materia, y lo ya elaborado respecto de lo que está aún sin elaborar. Quede el acto separado del lado de uno de los miembros de esta distinción y lo posible o capaz, del otro»; Aristóteles, Metafísica, 1048a 30-1048b 5.
«La entidad sensible está, por su parte, sometida a cambios. Ahora bien, si el cambio tiene lugar a partir de los opuestos, o de los términos intermedios, pero no a partir de cualquier opuesto (pues la voz es también algo no-blanco), sino a partir del contrario, necesariamente ha de haber un sustrato, aquello que cambia hacia el estado contrario, ya que los contrarios no cambian. Además, hay algo que permanece, mientras que el contrario no permanece. Hay, pues, un tercer término además de los contrarios: la materia. Por otra parte, si los cambios son cuatro, bien según la esencia, bien según la cualidad, la cantidad o el lugar, y puesto que la génesis y destrucción en sentido absoluto son el cambio que afecta a un esto, mientras que el crecimiento y la disminución es el que afecta a la cantidad, la alteración el que afecta a la cualidad y el desplazamiento el que afecta al lugar, los cambios serán hacia los estados correspondientes a cada uno de estos casos. Y, necesariamente, cambia la materia que potencialmente es lo uno y lo otro. Puesto que hay dos maneras en que algo es, todo cambia de ser en potencia a ser en acto (por ejemplo, de blanco en potencia a blanco en acto, e igualmente en el caso del crecimiento y la disminución): con que no solamente es posible que algo se genere accidentalmente a partir de lo que no es, sino que, además, todas las cosas se generan a partir de algo que es, de algo que es, ciertamente, en potencia, pero que no es en acto»; Aristóteles, Metafísica, 1069b 3-20.
«Se llama ‘causa’ en un sentido, aquello de-lo-cual se hace algo, siendo aquello inmanente [en esto]: el bronce, por ejemplo, lo es de la estatua y la plata lo es de la copa ─y también sus géneros─; en otro sentido, la forma y el modelo, es decir, la definición de la esencia y los géneros de ésta (por ejemplo, de la octava es ‘la proporción de dos a uno’ y genéricamente el número), así como las partes de la definición; además, aquello de donde proviene el inicio primero del cambio y del reposo: así, el que da un consejo es causa, y el padre lo es del hijo, y en general, el agente lo es respecto de lo hecho y lo que produce el cambio lo es respecto de lo que resulta cambiado; además [está la causa entendida] como fin, y éste es aquello para-lo-cual: por ejemplo, el del pasear es la salud. ¿Por qué, en efecto, pasea? Contestamos: para estar sano, y al contestar de este modo pensamos que hemos aducido la causa»; Aristóteles, Metafísica, 1013a 24-35.
"Discóbolo" de Mirón (ca. 455 a.C.)

domingo, 12 de febrero de 2012

Aristóteles: Metafísica o filosofía primera

ARISTÓTELES: METAFÍSICA O FILOSOFÍA PRIMERA
por
Peredur

Filosofía primera como ciencia de los seres inmateriales e inmóviles.

En oposición a la física ─ciencia que estudia los seres materiales y móviles─, la filosofía primera es una ciencia centrada en el estudio de los seres inmateriales e inmóviles. Considera Aristóteles que ésta engloba a su vez dos ciencias distintas: a) la teología ─ciencia del principio supremo o entidad suprema─; y b) la ontología ─ciencia de ‘lo que es’ en tanto que es─.

Filosofía primera como teología.

La constatación del movimiento y la ley que lo rige ─todo lo que se mueve es movido por otro─ conducen a Aristóteles a afirmar la existencia de un principio o entidad supremo: el primer motor o motor inmóvil. Se trata éste de un ser viviente, eterno y perfecto, acto puro ─y, por lo tanto, inmaterial─ cuya única actividad consiste en pensarse a sí mismo. Eternamente ensimismado, produce el movimiento no por tracción, sino por atracción, esto es, en tanto que objeto de deseo y aspiración de perfección.
«[…] hay ciertamente algo que mueve sin estar en movimiento y que es eterno, entidad y acto. Ahora bien, de este modo mueven lo deseable y lo inteligible, que mueven sin moverse»; Aristóteles, Metafísica, 1072a 24-27.
Filosofía primera como ontología.

A) La ontología: ¿ciencia universal o particular?

La ontología es el intento por parte de Aristóteles de crear una ciencia universal centrada en el estudio de ‘lo que es’ en tanto ‘que es’, o, si se quiere, del ‘ser’ de los entes o entidades. Cada ciencia, sin embargo, debe ser particular, es decir, debe tener como objeto de estudio un género particular del ‘ser’, y no ya todos ellos. Así, por ejemplo, la física se ocupa de ‘lo que es’ en tanto que es móvil. Por ello, si tenemos en cuenta que el ‘ser’ se dice de muchas maneras, ¿cómo podría la ontología ocuparse del estudio de un género particular del ‘ser’ sin perder por ello sus pretensiones de universalidad? Como veremos a continuación, Aristóteles soluciona este problema unificando por analogía los distintos usos del verbo ‘ser’ bajo el denominador común de la entidad o sustancia (ousía).

B) Las categorías del ‘ser’.

Con objeto de localizar un uso particular del verbo ‘ser’ en el que, a pesar de todo, poder encontrar en él su comúnmente reconocida universalidad, Aristóteles lleva a cabo una enumeración de los distintos usos lingüísticos o categorías del ‘ser’. Diez es el número de las categorías que reúne:
1. Sustancia: ‘ser algo’ (caballo, hombre, Sócrates, etc.).
2. Cualidad: ‘ser de cierta cualidad o condición’ (bueno, torpe, blanco, veloz, etc.).
3. Cantidad: ‘ser en cierta cantidad’ (mucho, poco, tres, etc.).
4. Relación: ‘ser en relación a algo’ (profesor de matemáticas, padre de Sócrates, etc.).
5. Acción: ‘ser haciendo’ (estudiar, correr, hablar, etc.).
6. Pasión: ‘ser padeciendo’ (ser alabado, ser trasladado, ser golpeado, etc.).
7. Tiempo: ‘ser en determinado momento’ (ayer, mañana, dentro de cinco días, etc.).
8. Lugar: ‘ser en determinado lugar’ (en casa, en el cruce, arriba, etc.).
9. Posición: ‘ser en determinada posición’ (sentado, de pie, boca abajo, etc.).
10. Hábito: ‘ser llevando o teniendo algo’ (calzado, con uniforme, muy abrigado, etc.).
C) La unidad análoga del ser.

Aunque  el ‘ser’ se dice de muchas maneras, todas ellas hacen referencia en último término a la entidad o sustancia (ousía). Así, por ejemplo, algo puede ser blanco y veloz, mas sólo lo será si la blancura y la velocidad lo son en una entidad o sustancia, como podría ser un caballo. El ‘ser’ que estudia la ontología no es, pues, ni unívoco ─de un solo sentido─ ni equívoco ─de múltiples sentidos─, sino análogo, es decir, hace referencia a una multiplicidad de sentidos pero siempre con una referencia común: la entidad. De ahí que la ontología pueda definirse como la ciencia universal de ‘lo que es’ en tanto que es sustancia.

Aristóteles, Metafísica, Gredos.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

El desarrollo de la ciencia en el Liceo

EL DESARROLLO DE LA CIENCIA EN EL LICEO
por
Peredur

Aristóteles y el Liceo.

El influjo de Aristóteles sobre la ciencia helenística se produjo principalmente a través de sus tratados conocidos como esotéricos, los cuales fueron concebidos por el de Estagira como apuntes de apoyo para las clases que ofrecía en el Liceo, escuela que había fundado en Atenas el año 335 a.C. De acuerdo con éstos, sus enseñanzas orales se orientaron principalmente hacia la ciencia natural y la observación empírica. Los compañeros y discípulos inmediatos de Aristóteles adoptaron y radicalizaron esta orientación, como es el caso de Teofrasto y Estratón, los cuales se encargaron de la dirección del Liceo a la muerte de aquél.

Teofrasto de Éreso.

Teofrasto nació en Éreso, en la isla de Lesbos, en torno a los años 372 y 371 a.C. Estudió en la Academia platónica, donde conoció a Aristóteles, con el cual entabló una sólida y duradera amistad. A la muerte de éste, Teofrasto se hizo cargo del Liceo, el cual dirigió desde el año 323 hasta su propia muerte, en el 287 a.C. En su obra, dedicada como la de Aristóteles a la filosofía como saber totalizador, destaca su interés por la ciencia natural, y en especial por la botánica. De hecho, a Teofrasto se le atribuyen los primeros tratados botánicos de la historia. Entre sus discípulos se cuenta Erasístrato de Ceos (siglo III a.C.), el cual llegaría a ser uno de los médicos más destacados del Museo de Alejandría.

Estratón de Lámpsaco.

Estratón de Lámpsaco (340/20?-269 a.C.) pertenece ya plenamente a la Época Helenística. A la muerte de Teofrasto sucedió a éste en la dirección del Liceo. Su labor intelectual se aleja definitivamente de los estudios metafísicos, renunciando así a la filosofía como saber totalizador. En su lugar, orientó el Liceo hacia las ciencias particulares. Parece ser que antes de sustituir a Teofrasto en la dirección del Liceo se encargó en Alejandría de la educación de Ptolomeo II, por lo que pudo haber influido indirectamente en la fundación del Museo y la Biblioteca. Entre sus discípulos más destacados se encuentra el astrónomo Aristarco de Samos.

 Artículo de La Vanguardia (17 de enero de 1997).

Aristóteles: Teoría del conocimiento

ARISTÓTELES: TEORÍA DEL CONOCIMIENTO
por
Peredur

Características del conocimiento fundado.

Para Platón el conocimiento fundado ─esto es, el conocimiento exento de error, el conocimiento científico─ se trataba del conocimiento de lo universal. Para Aristóteles, en cambio, el conocimiento fundado ha de serlo no sólo de lo universal, sino también de lo necesario. En este respecto, Aristóteles entiende por conocimiento necesario un tipo de conocimiento cuyas conclusiones no pueden ser de otra manera y en el que su objeto de estudio es igualmente necesario, esto es, necesariamente existente. Así, por ejemplo, el mundo físico es necesario, pues existe desde siempre y no puede no ser. De ahí que los principios de la física sean también necesarios.

El método para alcanzar el conocimiento fundado: el silogismo apodíctico o deducción demostrativa.

El método es un camino para alcanzar un determinado fin ─en este caso, el conocimiento fundado─. En los presocráticos no había reflexión alguna sobre el método. Esta reflexión comienza con los sofistas, los cuales desarrollaron un método propio: la erística o arte de la disputa verbal (éris: ‘disputa’). Para Sócrates el método adecuado para hacer alcanzar el conocimiento era la mayéutica (de naturaleza inductiva), mientras que para Platón no era sino la dialéctica.

Tras reflexionar sobre los distintos métodos empleados con anterioridad, Aristóteles considera que ninguno de ellos conduce al conocimiento científico o bien fundado, pues no tienen en cuenta la estructura formal de los razonamientos necesarios ─aquellos en los que la conclusión se extrae necesariamente de las premisas─. Para Aristóteles, la estructura formal de los razonamientos necesarios sólo se da en el ‘silogismo apodíctico’ o ‘deducción demostrativa’, la cual presenta las siguientes características:

Es un método deductivo, pues en un silogismo la conclusión se deduce necesariamente de determinados principios o premisas (el vocablo griego syllogismós ─‘silogismo’─ significa literalmente ‘conexión de proposiciones’, esto es, ‘deducción’).

Es el método por el que se demuestra la necesidad formal de una deducción (el término griego apódeixis significa ‘demostración’).

A continuación ofrecemos un ejemplo de silogismo apodíctico:



El método inductivo (epagogé).

Aristóteles designa con el nombre de ‘inducción’ (epagogé) al método que va de lo menos general a lo más general ─inverso, por tanto, al método deductivo─. Veamos un ejemplo, extraído en este caso de la obra de Aristóteles Primeros analíticos (68b 8-37):


Como se ve, a partir de la afirmación de una serie de casos particulares (hombre, caballo, mulo, etc.) se llega a una conclusión de tipo general (“[Todos] Los animales sin hiel son longevos”).

Aristóteles dice que la inducción es el método de conocimiento más usual entre los seres humanos, pues para nosotros lo más inmediato es lo particular, y no precisamente los principios del conocimiento, los universales. Sin embargo, no recurre casi nunca a este método, pues para él, como ya hemos visto, el conocimiento científico y bien fundado procede de la deducción demostrativa, cuya estructura formal es la del silogismo.

Grados del conocimiento.

A) Conocimiento sensible o ‘experiencia’ (empeiría).

El conocimiento sensible es el que se adquiere a través de la percepción sensible o aísthesis obtenida por los sentidos externos y organizada por la memoria (mnéme). A pesar de constituir el grado inferior, es el conocimiento más inmediato para los seres humanos. Aristóteles denomina a este tipo de conocimiento ‘experiencia’ (empeiría), la cual se caracteriza por ser un conocimiento de lo particular.

B) Conocimiento intelectual.

El conocimiento intelectual se caracteriza fundamentalmente por ser conocimiento de lo universal. Aristóteles distingue varios grados dentro del conocimiento intelectual:

Téchne: ‘arte’, ‘técnica’. La téchne es un grado de conocimiento superior a la experiencia. Como tal, es ya conocimiento de lo universal, aunque todavía no es conocimiento de lo necesario. Es el tipo de conocimiento propio de los artesanos (carpinteros, orfebres, etc.) y de las artes poéticas o creativas (poesía, pintura, escultura, etc.).

Phrónesis: ‘prudencia’, ‘sabiduría práctica’. Al igual que la téchne, es un conocimiento de lo universal, pero no de lo necesario. Se trata en este caso de un saber acerca de las acciones de la vida humana, es decir, acerca de nuestra conducta. Es, por lo tanto, el saber característico de la ética y la política.

Epistéme: ‘ciencia’, ‘deducción demostrativa’. La epistéme es ya un saber tanto de lo universal como de lo necesario. Funciona demostrativamente a través de silogismos en los que a partir de unos enunciados dados ─las premisas─ se obtienen unas conclusiones.

Noûs: ‘inteligencia’, ‘intelecto’, ‘entendimiento’. Como el proceso por el que unas proposiciones llegan a deducirse a partir de otras proposiciones previamente demostradas es un proceso que no puede ser llevado hasta el infinito, deben existir forzosamente unos principios indemostrables ─es decir, no deducibles ellos mismos desde ninguna otra proposición─ a partir de los cuales se deduzcan el resto de proposiciones. El noûs es precisamente la facultad que nos permite conocer estos principios, para lo cual se sirve de la intuición intelectual. En todo caso, estos principios pueden ser de dos tipos: a) particulares o tesis, es decir, exclusivos de una determinada ciencia ─como, por ejemplo, “todos los ángulos rectos son iguales entre sí”, principio que la geometría no comparte con ninguna otra ciencia─; y b) generales o axiomas, esto es, válidos para todas las ciencias ─como el principio de no contradicción, según el cual “no es posible que proposiciones contradictorias sean verdaderas al mismo tiempo”─.

Sophía: ‘sabiduría’. Es la culminación del conocimiento, la cual resulta de la conjunción de noûs y epistéme. Consiste, por lo tanto, en la intuición intelectual de los principios y en la posterior demostración de cómo a partir de ellos se deduce el resto del saber.

Independencia y clasificación de las ciencias.

A) Independencia de las ciencias entre sí.    

Para Aristóteles las distintas ciencias son independientes entre sí, pues cada una de ellas tiene sus propios principios y se ocupa de un ámbito concreto de la realidad. No es posible, en consecuencia, una ciencia absolutamente universal, es decir, una ciencia volcada en el estudio de la totalidad de lo real. Esto último, sin embargo, pretendía ser precisamente la dialéctica platónica, de ahí que Aristóteles la considerase inviable e inadecuada.

B) Clasificación de las ciencias.

Aristóteles distingue entre ciencias de lo posible y ciencias de lo necesario.

Las ciencias de lo posible son para Aristóteles de dos tipos: a) las ciencias prácticas ─la ética y la política─, cuyo objeto de estudio no es otro que la acción humana; y b) las ciencias poéticas (poíesis: ‘producción técnica o artística’) ─poesía, gramática, retórica, arquitectura, medicina, zapatería, carpintería, etc.─, centradas en la producción técnica o artística.

También llamadas ciencias teoréticas o contemplativas, las ciencias de lo necesario son para Aristóteles las ciencias en sentido pleno. A ellas pertenecen la lógica, las matemáticas, la astronomía, la física, la teología y la ontología.

Aristóteles contemplando el busto de Homero, por Rembrandt  (1653).

martes, 27 de diciembre de 2011

La influencia platónica en el pensamiento de Aristóteles y las objeciones de éste a la Teoría de las Ideas

LA INFLUENCIA PLATÓNICA EN EL PENSAMIENTO DE ARISTÓTELES Y LAS OBJECIONES DE ÉSTE A LA TEORÍA DE LAS IDEAS
por
Peredur

Aristóteles conocía sobradamente la filosofía que se había realizado con anterioridad a su época. De hecho, a él se debe la primera recopilación de las teorías filosóficas precedentes. Es de suponer, por lo tanto, que este contacto con el pensamiento de otros autores terminara por influir de algún modo en el suyo propio. Así, por ejemplo, es destacable en su obra la influencia de la teoría de Empédocles de las cuatro raíces o elementos (tierra, agua, aire y fuego), a partir de los cuales explica Aristóteles la constitución física del mundo sublunar. En todo caso, la influencia decisiva, aquella que se encuentra en la base del pensamiento aristotélico y frente a la cual reacciona, no es otra, cómo no, que la de su maestro Platón, de cuyo pensamiento asume y critica aspectos esenciales.

Coincidencias con la filosofía de Platón.

Las principales coincidencias entre maestro y discípulo pueden reducirse a tres: a) la concepción del conocimiento científico como conocimiento de lo universal; b) la identificación de este universal con el ‘ser’ y la esencia de las realidades particulares; y c) el intento de explicar la realidad a partir del ‘ser’ y la esencia de las cosas (las Ideas, en el caso de Platón, y la forma sustancial, en el de Aristóteles).

Discrepancias respecto de la filosofía de Platón.

En cuanto a las discrepancias, éstas se focalizan asimismo en tres puntos: a) el abandono de la dialéctica como saber supremo que conduce hacia el conocimiento fundado o científico; b) la distinta concepción y valoración de la phýsis; y c) el rechazo de la Teoría de las Ideas.

A) Abandono de la dialéctica.

Aristóteles rechaza la dialéctica de Platón por considerar que el conocimiento que se deriva de ella no es conocimiento de lo necesario, sino tan sólo de lo posible.

B) Distinta concepción y valoración de la phýsis.

Con los sofistas la reflexión en torno a la phýsis o naturaleza había quedado desplazada del centro de atención de la filosofía. Con Platón se va todavía más lejos, y la naturaleza ─esto es, el mundo sensible o físico─ viene a ocupar un segundo plano en el ordenamiento jerárquico de la realidad, por debajo del mundo de las Ideas. Aristóteles, en cambio, hace recuperar a la naturaleza el papel central que había desempeñado en el conjunto del pensamiento, devolviéndole a ésta el privilegio ontológico de albergar en sí misma el ‘ser’ de las cosas.

C) Rechazo de la Teoría de las Ideas.

Ya en la Academia se habían planteado una serie de objeciones a la Teoría de las Ideas, las cuales fueron recogidas y analizadas por el propio Platón en su diálogo Parménides. Aristóteles comenzó siendo partidario de la teoría de su maestro, sin embargo, según fue madurando en él su propio e independiente pensamiento, fue separándose gradualmente de ella hasta que, finalmente, se opuso por completo. Para ello se adhirió a las objeciones ya clásicas, las cuales sacan a la luz dos problemas fundamentales de la Teoría de las Ideas: a) el de la existencia separada de las esencias o Ideas; y b) el de la existencia de determinados tipos de Ideas que la teoría estaría obligada a admitir como existentes.

En efecto, Aristóteles rechaza que las Ideas o esencias estén separadas de las cosas, pues de la consideración de las Ideas como trascendentes se derivan una serie de problemas irresolubles. En primer lugar, con esta teoría no se consigue explicar la relación de las Ideas con las cosas sensibles. De hecho, para Aristóteles el concepto de ‘participación’ empleado por Platón no es más que una licencia poética. Además, la tesis de que las cosas participan de las Ideas conduce a absurdos como el que pone de manifiesto el “argumento del tercer hombre”, incluido por Platón en su diálogo Parménides.

Asimismo, si hay Ideas de cada cosa, como, por ejemplo, de lo grande y lo pequeño, tendrá que haber también Ideas de relaciones, tales como ‘mayor que’ o ‘menor que’. Ahora bien, con esto se pierde el carácter fundamental de las Ideas, su simplicidad y unicidad. Además, si hay Ideas de lo positivo, tendrá que haber también Ideas de lo negativo. En consecuencia, si existen las Ideas de Belleza y de Verdad, también deberán existir las de Fealdad y Falsedad. ¿Y qué decir de la existencia de Ideas insignificantes o ridículas, como podrían ser las de Suciedad o Caspa?

En definitiva, con la doctrina de las Ideas lo único que se consigue es una duplicación de los problemas a resolver, pues a los problemas que encontramos en el intento de explicar el mundo sensible hay que añadir los que encontramos al intentar explicar el inteligible.

Frente a la concepción platónica, Aristóteles sostiene que el ‘ser’ de las cosas, su esencia, no está en las Ideas, esto es, en un mundo trascendente, sino en este mundo, en el mundo físico y sensible.

Platón y Aristóteles; detalle de 'La escuela de Atenas' de Rafael (1510-1511)

Aristóteles: Vida, obra y contexto histórico y socio-cultural de su época

ARISTÓTELES: VIDA, OBRA Y CONTEXTO HISTÓRICO Y SOCIO-CULTURAL DE SU ÉPOCA
por
Peredur

Vida.

Aristóteles nació en Estagira, ciudad de origen jonio próxima a Macedonia, en el año 384 a.C. Era hijo de Nicómaco, amigo y médico de Amintas, rey de Macedonia. Muy posiblemente, durante su infancia y juventud Aristóteles conoció y frecuentó la compañía de Filipo, hijo de Amintas y futuro rey de Macedonia. Ambos tenían aproximadamente la misma edad. El oficio de su padre, médico de profesión, debió influir profundamente en los intereses intelectuales de su hijo, principalmente en lo que se refiere a la observación atenta de la naturaleza y el interés hacia los procesos biológicos.

A la muerte de su padre fue enviado a Atenas para estudiar en la afamada Academia de Platón. Allí permanecería Aristóteles veinte años de su vida, desde los diecisiete a los treinta y siete (367-347 a.C.). Primero como estudiante y más tarde como profesor, Aristóteles pudo discutir en la Academia las teorías platónicas, no sólo con el gran maestro en persona, sino también con los principales discípulos de éste, como Jenócrates y Espeusipo. Muerto Platón, Espeusipo, sobrino de este último, fue elegido su sucesor. Es muy posible que el conflicto político que en aquella época enfrentaba a Atenas con Macedonia influyera negativamente a la hora de valorar la candidatura de Aristóteles como nuevo director de la Academia. El de Estagira decidió entonces abandonar Atenas.

Con su marcha de la ciudad se inaugura un nuevo periodo en la vida de Aristóteles, el cual se prolongará durante los doce años siguientes, de sus treinta y siete a sus cuarenta y nueve años de edad (347-335 a.C.). Con algunos compañeros de la Academia, Jenócrates y Teofrasto entre ellos, se marcha en primer lugar a Assos, donde contrae matrimonio con Pitias, hija adoptiva del tirano de la ciudad. De allí se traslada a la cercana Mitilene, donde permanece hasta que Filipo de Macedonia le hace llamar para encargarse de la educación de su joven hijo Alejandro, el cual con el tiempo desecharía las enseñanzas políticas de su maestro al rechazar la ciudad-Estado como institución política fundamental e independiente y sustituirla por la creación de un imperio panhelénico.

Tras la muerte de Filipo y la coronación de su hijo Alejandro como rey de Macedonia, Aristóteles queda libre de sus funciones como preceptor. Decide entonces regresar a Atenas y fundar allí un nuevo centro de investigación y docencia, el Liceo. Al frente de éste pasaría Aristóteles los siguientes doce años de su vida enseñando, escribiendo y dirigiendo ambiciosos planes de investigación. A la muerte de Alejandro se reavivó entre los atenienses el odio hacia Macedonia, ciudad bajo la cual habían estado éstos sometidos, y Aristóteles se vio obligado a abandonar la ciudad. Se trasladó entonces a Calcis, en la isla de Eubea, donde moriría un año después (322 a.C.), a los sesenta y dos.

Como apunta Tomás Calvo: la vida de Aristóteles “fue la vida de un hombre profundamente apasionado por el saber. Tuvo, además, el privilegio impagable de conocer y tratar estrechamente a los dos hombres más grandes, seguramente, de su siglo: fue discípulo de Platón y preceptor de Alejandro el Grande”.

Obra.

La obra de Aristóteles suele clasificarse en tres grandes grupos o apartados: a) escritos de divulgación; b) tratados de carácter científico y filosófico conocidos en su conjunto como corpus aristotelicum; y c) una serie de grandes colecciones y proyectos de investigación dirigidos por él.

A) Escritos de divulgación.


B) Tratados o corpus aristotelicum.

Hasta finales del siglo I a.C., momento en el que el peripatético Andrónico de Rodas editó el corpus aristotelicum dándolo a conocer, Aristóteles había sido conocido fundamentalmente a través de sus escritos de divulgación, hoy perdidos. Gracias a la labor de Andrónico, a partir del cambio de era el corpus se convirtió en la fuente definitiva para el conocimiento de la filosofía de Aristóteles. Los tratados de Aristóteles pueden ser clasificados en función de su temática.


C) Grandes colecciones.

Dentro de este apartado se incluyen, como decíamos, los proyectos de investigación llevados a cabo en el Liceo bajo la dirección de Aristóteles, los cuales cristalizaron en grandes colecciones. Pueden citarse, por ejemplo, las Constituciones de los Estados griegos, la Historia de los animales o las Opiniones de los naturalistas.

Breve contexto socio-cultural de la época.

La decadencia de las ciudades-Estado griegas se produjo a partir del siglo IV a.C. como consecuencia principalmente de tres causas: a) la Guerra del Peloponeso (431-404 a.C.), b) la escasez de alimentos, y c) los crecientes conflictos sociales entre ricos y pobres. Esta situación acabó debilitando el modelo político de autosuficiencia de las póleis, las cuales fueron adsorbidas por el reino de Macedonia. A comienzos del siglo IV a.C. el reino de Macedonia constituía una pequeña potencia gobernada por ambiciosos monarcas que soñaban con ampliar su territorio e incrementar su gloria. Atenas, civilizada y democrática, consideraba a Macedonia como una tierra de semibárbaros. Ya no era, en efecto, la ciudad-Estado que había ostentado la hegemonía política y militar sobre Grecia, pero aún conservaba la supremacía cultural y filosófica de la época. La vida de Aristóteles transcurrió entre estos dos mundos en conflicto: era un hombre que se hallaba muy cercano al poder macedonio, pero, como brillante intelectual, gustaba del ambiente de la todavía culta y refinada Atenas.

Aristóteles (384-322 a.C.)