miércoles, 7 de septiembre de 2011

La Grecia prefilosófica y los orígenes del pensamiento racional

LA GRECIA PREFILOSÓFICA Y LOS ORÍGENES DEL PENSAMIENTO RACIONAL
por
Peredur

El origen griego de la filosofía frente al origen oriental de la civilización

Es una opinión generalizada entre los especialistas el considerar la filosofía como una creación griega. Ciertamente, hasta la aparición de la filosofía en la costa jónica de la península de Anatolia ─esto es, en la costa de la actual Turquía─, la totalidad de los avances culturales de la humanidad habían partido de Oriente Próximo (Mesopotamia) y Egipto. Fue en estas regiones donde se comenzó a cultivar la tierra por primera vez dando origen a la agricultura; también aquí aparecieron las primeras ciudades y Estados complejos; asimismo, la invención de la escritura y la aparición de los primeros conocimientos científicos ─matemáticas y astronomía especialmente─ también encuentran su origen en estas regiones de Oriente. Sin embargo, el nacimiento de la filosofía y del pensamiento racional no se produjo en Oriente Próximo, sino en la región de Europa que actualmente conocemos como Grecia.

Factores sociales, políticos y económicos que favorecieron el origen en Grecia de la filosofía

Uno de los factores que favorecieron el nacimiento de la filosofía en Grecia fue su alto grado de libertad religiosa, el cual fue mayor que el existente en Oriente Próximo y Egipto. Esta situación permitió la aparición de pensadores que intentaron explicar la visión del mundo que ofrecía la religión desde una perspectiva no ya mítica o religiosa, sino racional. Ahora bien, ¿cuáles fueron las causas de esta mayor libertad? En primer lugar, en Grecia nunca existieron libros sagrados en los que poder preservar de forma inamovible unos dogmas ─de hecho, durante la Época Oscura (siglos XII-IX a.C.) los griegos ignoraron la técnica de la escritura─. Y, en segundo lugar, tampoco llegó a existir en Grecia una clase sacerdotal a la manera oriental que pudiera velar por la integridad de dogmas religiosos. En lugar de dogmas escritos y una clase sacerdotal, los griegos contaron con la épica y la poesía oral de los poetas y aedos, los cuales cantaban y narraban el origen del mundo y de las divinidades, las riñas de éstas entre sí, las relaciones entre los hombres y los dioses, las hazañas de los héroes de antaño, etc. Ahora bien, al no formar parte de una clase sacerdotal, éstos poetas no necesitaban ser fieles a un dogma y, por lo tanto, podían variar a su antojo el tratamiento y el enfoque de sus poemas. De hecho, es indudable que algunos de los filósofos presocráticos más representativos, como Jenófanes, Parménides o Empédocles, se vieron a sí mismos como poetas que debían cumplir con la función ancestral de la poesía griega, a saber, educar al pueblo, aunque no ya a través de explicaciones de carácter mítico, sino racional.

Si la economía griega se había sustentado desde siempre en la agricultura y la ganadería, a partir de los siglos VII y VI a.C. la industria manufacturera y el comercio comenzaron a ocupar un lugar cada vez más importante en la economía de las ciudades. Los contactos comerciales se extendieron rápidamente. Estos contactos pusieron de manifiesto la gran variedad de creencias y costumbres humanas existentes, lo cual favoreció la idea, que explotaron más tarde los sofistas, de que no hay leyes culturales universales ─esto es, morales, políticas, religiosas, etc.─, sino que éstas son producto de cada sociedad en concreto.  

Durante los últimos siglos de la Época Oscura de Grecia, esto es, durante los siglos IX y VIII a.C., el despoblamiento de las aldeas y la paulatina agrupación de las gentes en núcleos urbanos dio como resultado la aparición de las póleis o ciudades-Estado. En un primer momento, el gobierno de estas póleis fue de tipo monárquico, pero el progresivo aumento de poder por parte de los nobles y terratenientes terminó sustituyendo las monarquías por gobiernos de naturaleza aristocrática. Esta nobleza terrateniente es la que aparece reflejada en los poemas de Homero, y en ella pueden apreciarse ya determinadas instituciones arcaicas, como son los juegos funerarios, el reparto del botín o las asambleas deliberativas ─todas ellas vinculadas con el grupo de los guerreros─, las cuales incorporan en su funcionamiento y composición los antecedentes del igualitarismo y del empleo público de la palabra que serían utilizados tanto por la filosofía como por la democracia.

El pensamiento mítico-religioso de los adivinos y poetas griegos

Como puede constatarse al leer los fragmentos conservados de buena parte de los filósofos presocráticos, las primeras manifestaciones filosóficas del pueblo griego se encontraban aún muy próximas respecto del pensamiento mítico-religioso. Conviene, pues, detenernos brevemente en las características que definen a los dos máximos promotores de este tipo de pensamiento, a saber, los adivinos y los poetas, pues de esta manera estaremos en mejores condiciones de entender el origen en Grecia del pensamiento racional como superación del pensamiento prefilosófico.

Para el pueblo griego, en el mundo podía constatarse una presencia sagrada que en la gran mayoría de los casos era reconocida como divina. Los asuntos humanos debían regirse de acuerdo con esta presencia sagrada, pues, de lo contrario, podían desencadenarse conflictos que pondrían en peligro el mundo de los hombres. Ahora bien, como los dioses habitaban en regiones remotas o de difícil acceso, lo sagrado se encontraba normalmente oculto, lo cual ocasionaba que los seres humanos sólo pudieran entrar en contacto con la divinidad en contadas ocasiones. Por ello, para que existiera un vínculo y una vía de comunicación constante entre lo humano y lo sagrado, la divinidad ─según la creencia del pueblo griego─ había elegido a los adivinos y a los poetas como mediadores entre lo divino y lo humano.

Por lo que se refiere a los adivinos, ya fuera a través de la interpretación de presagios o por mediación de visiones, sabemos que éstos ofrecían al resto de la comunidad el conocimiento de la voluntad divina que, por lo general, permanecía oculta para el común de los mortales. Respaldados por el dios Apolo, el cual les había otorgado su don, los adivinos eran capaces de entrar en contacto con lo sagrado y, de esa manera, podían descifrar el presente, ver el pasado y anticipar el futuro. A continuación citamos dos textos pertenecientes a los poemas de Homero donde se describen con suficientes detalles las capacidades de adivinos míticos como Calcante o Teoclímeno.
«[...] entre ellos se levantó el Testórida Calcante, de los agoreros con mucho el mejor, que conocía lo que es, lo que iba a ser y lo que había sido, y había guiado a los aqueos con sus naves hasta Ilio gracias a la adivinación que le había procurado Febo Apolo»; [Homero, Ilíada, I, 68-72].
«“¡Desgraciados! ¿Qué mal os aflige? Sumidos en noche vuestros rostros están, las cabezas, las mismas rodillas; el sollozo os abrasa, las caras se os cubren de llanto; las paredes chorrean de sangre [...]; el vestíbulo llenan y pueblan el patio fantasmas que a las sombras se lanzan del Érebo; el sol en el cielo se ha eclipsado, una niebla funesta recúbrelo todo. [...] Ojos tengo y oídos y tengo dos pies bien servibles y una mente por dentro cabal y sin tacha. Con ellos a la calle me iré, porque veo el desastre que viene sobre todos vosotros; ninguno podrá desviarlo ni rehuirlo entre tanto galán como en casa de Ulises el divino insultáis a los hombres tramando maldades”»; [Homero, Odisea, XX, 351-357 y 365-370].
En cuanto a los poetas o aedos, éstos fueron durante siglos los encargados en Grecia de educar a la población. En efecto, durante la Época Oscura de Grecia (siglos XII-IX a.C. aproximadamente) los griegos perdieron y olvidaron la técnica de la escritura. En consecuencia, no tenían historiadores. Sin embargo, los poetas cumplían perfectamente con las funciones de éstos, pues, según la creencia griega, recibían de las Musas, hijas de Zeus, la inspiración necesaria para cantar los acontecimientos y hazañas del pasado como si ellos mismos hubieran estado presentes. En este respecto, a continuación citamos dos pasajes, uno de la Odisea de Homero y otro de la Teogonía de Hesíodo, donde pueden apreciarse perfectamente las capacidades evocadoras de los poetas griegos.
«“¡Oh Demódoco! Téngote en más que a ningún otro hombre, ya te haya enseñado la Musa nacida de Zeus o ya Apolo, pues cantas tan bien lo ocurrido a los dánaos, sus trabajos, sus penas, su largo afanar, cual si hubieras encontrádote allí o escuchado a un testigo”»; [Homero, Odisea, VIII, 487-491].
«[Las Musas] en cierta ocasión enseñaron un bello canto a Hesíodo mientras apacentaba sus corderos al pie del divino Helicón. He aquí las palabras que en primer lugar me dijeron las diosas, las Musas olímpicas, hijas de Zeus, [...]: “Pastores rústicos, [...], sólo estómagos, sabemos decir muchas mentiras semejantes a verdades, pero sabemos, cuando lo deseamos, cantar verdades”. Así dijeron las hijas bien habladas del gran Zeus; me dieron un cetro tras haber cortado un admirable retoño del florido laurel; me infundieron una voz divina para que celebrara lo venidero y lo pasado, y me incitaron a celebrar el linaje de los felices sempiternos»; [Hesíodo, Teogonía, 21-32].
Gracias al contacto privilegiado que los poetas y adivinos mantuvieron con lo sagrado, éstos siempre aparecieron ante los ojos del pueblo griego como portadores de la verdad; es decir, su palabra fue siempre tenida por verdadera y, por lo tanto, rara vez era puesta en duda. La filosofía, representada principalmente por Platón, criticó duramente esta concepción de la verdad, pues la consideró errónea.

La religión pública griega y los misterios órficos

Cuando se habla de la religión griega es preciso distinguir entre la religión pública y la religión de los misterios. Ciertamente, entre ambas formas de religiosidad existieron numerosos elementos comunes ─como, por ejemplo, su politeísmo─, sin embargo, también existieron diferencias significativas que justifican sobradamente que tratemos ambas expresiones religiones de forma independiente.

Homero, Hesíodo y el conjunto de los poetas y aedos griegos constituyeron el punto de referencia para las creencias de la religión pública. Como ya hemos dicho, los poetas fueron durante siglos los únicos educadores del pueblo griego. Por ello, si a esto añadimos la creencia en considerar su canto como divino y verdadero, no debe extrañarnos que fueran ellos los padres de la religión pública griega. Según la descripción de los poetas ─y especialmente la de Homero─, prácticamente todo lo que sucede en el mundo está motivado por la intervención divina. En efecto, los dioses no sólo son la causa y origen de fenómenos como el rayo, los terremotos o la aurora, pues, además, también les place involucrarse constantemente en los asuntos humanos provocando guerras y rivalidades, enviando epidemias e, inclusive, manteniendo relaciones sexuales y afectivas con los humanos. Ahora bien, ¿quiénes son realmente éstos dioses? Como han puesto de manifiesto los expertos, estas deidades son fuerzas de la naturaleza personificadas y divinizadas, así como aspectos psíquicos, morales y políticos del hombre elevados al rango de divinidades personales. Aurora, por ejemplo, es la deificación del fenómeno natural consistente en la aparición de las primeras luces diurnas antes de la salida del sol; sin embargo, Afrodita, la diosa del amor, no representa ya ninguna fuerza natural, sino una pasión humana sublimada.

Con todo, la religión pública no fue suficiente para satisfacer el sentimiento religioso de todos los griegos, lo cual favoreció la aparición y desarrollo de una religión alternativa entre determinados círculos de la población, a saber, la religión de los misterios órficos. El orfismo, que debe su nombre al poeta mítico Orfeo, tiene una importancia fundamental en la historia de las creencias religiosas griegas, pues introdujo una nueva concepción de la existencia humana que no estaba presente en la religión oficial de ascendencia homérica. Según ésta última, cuando el hombre moría, con él lo hacía también la parte racional de su ser. Al Hades descendía entonces una especie de sombra de lo que había sido el ser humano, pero en ningún caso el alma del difunto. La concepción dualista del ser humano, según la cual éste está formado por un alma intelectiva y un cuerpo, irrumpió en Grecia por primera vez a través del Orfismo. De acuerdo con los misterios órficos, el alma humana es inmortal, lo cual quiere decir que ésta preexiste al cuerpo y sobrevive a su muerte reencarnándose sucesivamente en otros cuerpos distintos. Este ciclo constante de nacimientos y reencarnaciones sólo podía ser detenido a través de una serie de conocimientos mistéricos que los iniciados en el orfismo debían aprender, pues sólo así sus almas terminarían liberándose de toda atadura corporal y podrían reencontrarse con la divinidad en el Más Allá. La influencia del orfismo sobre la filosofía griega fue fundamental, pues sin él difícilmente podría comprenderse el pitagorismo, y sin éste difícilmente podría comprenderse a su vez el pensamiento de Platón de manera óptima.

 Ulises y las sirenas (cerámica griega)

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