sábado, 14 de marzo de 2026

Fuentes intelectuales del pensamiento de Marx

APUNTES PARA EL BACHILLERATO
FUENTES INTELECTUALES DEL PENSAMIENTO DE MARX


FUENTES INTELECTUALES DEL PENSAMIENTO DE MARX

Según Lenin, las fuentes intelectuales de la obra de Karl Marx ―ya sea porque asume algunas de sus tesis o porque elabora su pensamiento en polémica con ellas― fueron principalmente tres: 1) la economía política inglesa; 2) el socialismo utópico francés; y 3) la filosofía clásica alemana.

Lenin, El pensamiento revolucionario de Marx y Engels, Fundación Federico Engels, Madrid, 2022.

1) La economía política inglesa.

De la economía política inglesa ―cuyos representantes más destacados fueron Adam Smith (1723-1790) y David Ricardo (1772-1823)― Marx asume la tesis de que el elemento decisivo en la creación del valor de una mercancía es el trabajo. En cambio, rechaza que las leyes por las que se rige la economía capitalista, según éstos, sean leyes naturales, eternas. Antes bien, para Marx el modo de producción capitalista es producto de la historia. En términos marxianos, los economistas clásicos, pretendiendo hacer ciencia, no hacían sino ideología.

A) Adam Smith.

En su obra La riqueza de las naciones (1776), Adam Smith había afirmado que la economía se fundamenta en el supuesto de que hay un orden natural, obra de la Providencia divina, por el que, con la persecución de los intereses individuales, se garantiza el cumplimiento del interés general de toda la sociedad. Se trataría de dejar al individuo en total libertad para perseguir sus propios fines, ya que, con ello, se estaría procurando el bienestar de la colectividad, esto es, el desarrollo y la prosperidad de la sociedad. El Estado no habría de intervenir en la economía, permitiéndose así el libre juego de la oferta y la demanda.

B) David Ricardo.

El otro gran economista clásico inglés es David Ricardo. Éste, en su obra Principios de economía política y de impuestos (1817), recoge su famosa “ley de bronce sobre los salarios”. De acuerdo con ésta, los salarios de los trabajadores habrían de limitarse tan sólo a garantizar su subsistencia, pues su aumento nunca llegaría a tener efectos reales sobre el nivel de vida de aquéllos. La razón que aduce es que la elevación de los salarios hace aumentar la demanda, lo que provoca inmediatamente el encarecimiento de los productos, con lo que el poder adquisitivo real del proletariado no se incrementa.

Retrato de David Ricardo en 1821.

2) El socialismo utópico.

De los socialistas utópicos ―como Henri de Saint-Simon (1760-1825), Charles Fourier (1772-1837) o Robert Owen (1771-1858)― y del utopista y anarquista Pierre-Joseph Proudhon (1809-1865) destaca Marx su buen ojo para destapar las contradicciones del capitalismo. De ellos critica, sin embargo, sus pretensiones de reformar la sociedad apelando a la buena voluntad, a los buenos sentimientos, es decir, a la moral. La transformación de la realidad no se produce tan sólo con buenos deseos, apuntará Marx. Por otra parte, y en oposición a ellos, Marx no ve en el triunfo del sistema capitalista algo malo en sí, pues para él el capitalismo es una consecuencia necesaria del desarrollo histórico. Frente a las propuestas meramente reformistas de los utopistas y su condena moralizante del capitalismo, Marx defiende un análisis científico del sistema capitalista, análisis que le conduce a descubrir el proceso por el que se ha de producir necesariamente su superación.

Pierre-Joseph Prodhon en 1862.

3) La filosofía clásica alemana.

A) Georg Wilhelm Friedrich Hegel.

Para Marx, Georg Wilhelm Friedrich Hegel (1770-1831) representa la cumbre del pensamiento cristiano-burgués. Su obra le aporta a Marx ciertos elementos decisivos que éste asume, si bien lo hace invirtiendo su significado. Así sucede con la concepción hegeliana de la realidad como proceso dialéctico, y también con el concepto de alienación que Marx recoge directamente de la dialéctica hegeliana del amo y del esclavo. En todo caso, Marx es muy crítico con el sistema filosófico de Hegel, en especial con su tesis idealista conforme a la cual la auténtica realidad es espíritu, conciencia, lo que haría de ésta una filosofía invertida, una filosofía que pone al hombre a caminar sobre su cabeza. Según Marx, éste sería el origen de todos los errores de la filosofía hegeliana. Así, por ejemplo, el idealismo hegeliano conduce a una concepción abstracta de la naturaleza humana en la que el hombre queda reducido a autoconciencia. Pero, sobre todo, el sistema hegeliano hace del Estado burgués capitalista la consumación del espíritu en la historia, lo que supone la legitimación ideológica de aquél. Marx niega rotundamente esta pretensión, pues la miseria a la que el Estado burgués y la sociedad capitalista han conducido al proletariado la contradice por completo. Esta miseria, además, no puede combatirse si no es aboliendo las diferencias de clase amparadas por el Estado burgués que Hegel legitima, lo que supondría la transformación del Estado hasta el punto de hacer de su existencia algo superfluo.

Georg Wilhelm Friedrich Hegel en 1831.

B) Ludwig Feuerbach y la izquierda hegeliana.

Durante su etapa universitaria, Marx intervino en las polémicas entre las así llamadas derecha e izquierda hegelianas, alineándose en este último bloque. La derecha hegeliana, en nombre del pensamiento de Hegel, quería justificar el cristianismo y el Estado burgués. Por su parte, la izquierda, también en nombre de la dialéctica hegeliana, transformó el idealismo en materialismo, convirtió la religión cristiana en un hecho puramente humano y combatió el Estado burgués desde posturas democráticas. El principal inspirador de esta izquierda hegeliana había sido Ludwig Feuerbach, autor de La esencia del cristianismo (1841). Como hemos dicho, Marx se identificó inicialmente tanto con los propósitos de Feuerbach como con los de la izquierda hegeliana en su conjunto. Pero, con el tiempo, éstos le terminaron pareciendo insuficientes y, junto con Engels a través de La sagrada familia (1845) los somete a una profunda crítica. Según Marx y Engels, tanto Feuerbach como los jóvenes hegelianos consideran que las auténticas cadenas que someten a los seres humanos se encuentran en sus ideas, esto es, que son producto de la conciencia. De ahí el ímpetu de estos filósofos por combatir las ilusiones de la conciencia ―como la religión― sustituyéndolas por una conciencia crítica que interprete de modo diferente lo existente. Marx y Engels, sin embargo, parten de la tesis de que no es la conciencia la que determina la vida, sino la vida la que determina la conciencia. Por ello, no se trataría de cambiar las conciencias, sino las condiciones materiales que propician y sostienen tales conciencias e ideologías.
 
Lenin dando un discurso en la inauguración del monumento a Marx y Engels en Moscú (1918).

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