sábado, 29 de diciembre de 2012

Gorgias y la retórica: el arte sofístico de la persuasión

GORGIAS Y LA RETÓRICA: EL ARTE SOFÍSTICO DE LA PERSUASIÓN
por
Peredur

De la verdad y lo verdadero a la verosimilitud y lo verosímil.

El subjetivismo cognoscitivo y el relativismo ético, político y cultural llevaron a los sofistas a negar la posibilidad de alcanzar ninguna verdad o certeza absolutas. Por ello, en ausencia de verdades universales, los sofistas vieron en la verosimilitud y en lo verosímil los fundamentos para distinguir lo más conveniente de lo menos conveniente. Sin embargo, lo verosímil no es como lo verdadero, es decir, no parece evidente por sí mismo. De ahí la necesidad de la retórica como instrumento para persuadir sobre su conveniencia.

Gorgias y el poder de la palabra.

Sin lugar a dudas, Gorgias es el sofista que mejor supo comprender el poder de la palabra como instrumento de manipulación y de persuasión capaz de convertir, como dice Aristófanes en su comedia Las Nubes, el argumento débil en el argumento más fuerte. En su Encomio de Helena el de Leontinos atribuye a la palabra una fuerza de persuasión más eficaz incluso que la que consigue la violencia física, pues ésta tan sólo impone, mientras que aquélla logra la convicción personal de quien escucha:
«La palabra es un poderoso soberano que, con un cuerpo pequeñísimo y completamente invisible, lleva a cabo obras sumamente divinas. Puede, por ejemplo, acabar con el miedo, desterrar la aflicción, producir la alegría o intensificar la compasión. [...] Pues la palabra que persuade al alma obliga, precisamente a esta alma a la que persuade, a dejarse convencer por lo que se dice y a aprobar lo que se hace. [...] Un solo discurso deleita y convence a una multitud, si está escrito con arte, aunque no sea dicho con verdad. [...] La misma relación guarda el poder de la palabra con respecto a la disposición del alma que la prescripción de fármacos respecto a la naturaleza del cuerpo. Pues, al igual que unos fármacos extraen unos humores del cuerpo y otros, otros; y así como algunos de ellos ponen fin a la enfermedad y otros, en cambio, a la vida, así también las palabras producen unas, aflicción; otras, placer; otras, miedo; otras predisponen a la audacia a aquellos que las oyen, en tanto otras envenenan y embrujan sus almas por medio de una persuasión maligna»; Gorgias, Encomio de Helena, 8-14.

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