viernes, 12 de agosto de 2011

Medb y Ailill. La conversación sobre la almohada: análisis estructural

MEDB Y AILILL
LA CONVERSACIÓN SOBRE LA ALMOHADA: ANÁLISIS ESTRUCTURAL
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El comienzo de la Táin, tal y como éste aparece recogido en el Lebor Láigenn, dibuja una de las escenas más renombradas de la antigua literatura irlandesa. Conocida como “La conversación sobre la almohada”, en ella encontramos a Medb y Ailill recostados sobre su real lecho, conversando distendidamente, como cualquier otro matrimonio al finalizar el día. Ailill se muestra interesado por las riquezas de su esposa, de las cuales nadie le había informado. El patrimonio de Medb le desconcierta, y por ello requiere de ésta una explicación. Es entonces cuando ella le recuerda con quién comparte el trono de Connacht:
«[...] mi padre detentaba la realeza suprema de Irlanda, Eochu Feidlec mac Find [...] era su nombre. Tuvo seis hijas: Derbriu, Ethne y Éle, Clothru, Mugain y Medb. Yo era la más noble y distinguida de todas. La más virtuosa [ferr] de ellas en largeza [rath] y generosidad [tidnacul]. La mejor [ferr] de ellas en batalla, combate y contienda. [...] Y por esa razón mi padre me otorgó una de las provincias de Irlanda [...]. Emisarios de Find mac Rosa Rúaid, rey de Láigenn, vinieron a pedir mi mano, y de Cairbre Nia Fer mac Rosa, rey de Temair, y de Conchobor mac Fachtna, rey del Ulaid, y de Eochu Bes. Pero yo no acepté, pues requería para mí un singular regalo de novia [coibchi], tal como ninguna mujer antes que yo había solicitado de un hombre de entre los hombres de Irlanda, a saber, un marido sin avaricia [fer cen neóit], sin celos [cen ét] y sin temor [cen omon]. Si mi marido fuera avaricioso [neóit], no sería adecuado para nosotros permanecer unidos, pues yo soy virtuosa en largeza [rath] y generosidad [tidnacul] y sería un reproche para mi consorte que yo fuera mejor que él en largeza [rath] [...]. Si mi marido fuera temeroso [úamain], tampoco sería adecuado para nosotros permanecer juntos, pues por méritos propios yo soy victoriosa [brissim-sea] en batallas, combates y contiendas, y sería un reproche para mi consorte que su esposa fuera más vigorosa [beódu] que él [...]. Si el hombre con el cual debo permanecer fuera celoso [étaid], sería igualmente inadecuado, pues yo nunca estuve con un hombre sin que otro aguardara tras su sombra».
Los historiadores acuden frecuentemente a este pasaje para mostrar el alto estatus social del que disfrutaban las mujeres en la antigua Irlanda. Y, ciertamente, si seguimos las palabras de Medb, es Ailill quien parece depender enteramente de su consorte, la cual gobernaría la provincia por sí misma:
«“[...]. Si alguien te causa vergüenza, fastidio y turbación, no tienes derecho a reclamar compensación o multa, excepto que yo lo requiera”, dijo Medb, “pues tú eres un hombre mantenido por una mujer”».
Ahora bien, a pesar de que éstas son las palabras de una poderosa reina, no debemos olvidar que no es Medb quien habla en ellas, sino el relato, el cual alberga dos niveles distintos de significación. En el primero, superficial y aparente, se perfilan los significantes que dan sentido a los acontecimientos tal y como éstos son percibidos de manera consciente por cualquier oyente o lector, incluidos nosotros mismos. En este nivel, el cual puede diferir sensiblemente de la realidad histórica de la que emana el relato, Ailill es «un hombre mantenido por una mujer». Sin embargo, en un segundo nivel, el de las expresiones inconscientes de la vida social, estos mismos significantes encuentran un simbolismo adicional que interviene en el proceso que sanciona las relaciones sociales del grupo a nivel inconsciente. En este nivel, en el cual difícilmente se puede penetrar sin las adaptaciones metodológicas pertinentes, Medb y Ailill no tienen ya por qué representar lo que de ellos se percibe a nivel consciente, pudiendo funcionar perfectamente como elementos significantes de un sistema de relaciones sobre el que descansaría, codificada, la mentalidad social de la Irlanda precristiana.

Tal es, a nuestro juicio, lo que sucede con la imagen que “La conversación sobre la almohada” transmite a nivel consciente sobre la posición de la mujer en la sociedad irlandesa altomedieval, la cual, desde luego, no se ajusta a la realidad histórica descrita en otras fuentes documentales de naturaleza no mítica. Esta es, de hecho, la opinión esgrimida por Fergus Kelly en su obra A guide to early Irish law, el cual se manifiesta abiertamente contrario a la corriente historiográfica que sirviéndose de los mitos pretéritos de la isla ve en las mujeres de la Irlanda altomedieval un precedente histórico de las de nuestra época.

Que la mujer no disfrutaba de los mismos derechos y privilegios que el hombre, ni siquiera en el marco de la primera de las tres funciones indoeuropeas estudiadas por Georges Dumézil, es un hecho que se deduce de los informes que los textos de naturaleza no mítica nos aportan. Es más, que una mujer gobernara una provincia de Irlanda debía de resultar tan extraño a los coetáneos de la Táin como le resulta al propio Ailill en “La conversación sobre la almohada”, el cual, tras escuchar las palabras de su esposa, le recuerda a ésta la excepcionalidad de su situación:
«[...] nunca escuché de una provincia de Irlanda gobernada por una mujer excepto de esta provincia únicamente. Así que vine y asumí la monarquía».
En tal caso, si el personaje mítico de la reina Medb no se ajusta a la realidad social que aparece representada conscientemente en los anales históricos, los códigos legales y los textos de proverbios, ¿por qué razón hubieron de transmitirlo así los poetas que compusieron y narraron estas viejas historias? Esta pregunta sólo puede ser contestada si admitimos la existencia en todo discurso mítico de un segundo nivel de significación, además del aparente, en el que se albergan codificados los pilares categoriales sobre los que se sostiene la mentalidad de un mismo grupo social. Qué papel es el desempeñado por la reina Medb en este segundo nivel de significación es justamente uno de los objetivos del presente estudio.

Para alcanzar nuestro propósito identificaremos en primer lugar los elementos significantes que rodean en la Táin la figura mítica de la reina Medb, para, acto seguido, establecer entre ellos una primera estructura de relaciones tal y como ésta aparece dibujada en el relato. No se trata de crear esta estructura ex nihilo, sino de traducir a un nuevo lenguaje, como en las matemáticas, los elementos y relaciones que pueden ser localizados en el texto. Por último, esta estructura deberá ser comparada y complementada con estructuras similares extraídas de otros relatos míticos irlandeses o pertenecientes a otras sociedades con las que la Irlanda altomedieval compartiría vínculos estructurales, y, si fuera necesario, podrá ser integrada en un sistema de relaciones multidimensional.

Limitándonos por el momento a “La conversación sobre la almohada”, los principales significantes que pueden ser localizados en esta parte del relato son, como no podía ser de otra manera, Medb y Ailill. Por su parte, la relación básica que puede ser establecida entre ellos no es otra que la del intercambio, pues éste, tal y como revela el texto, se encuentra en la base de su matrimonio. La estructura elemental resultante puede ser observada en la figura 1. Una vez establecido este primer esquema, debemos concretar la naturaleza del intercambio, para lo cual identificaremos a continuación un segundo grupo de significantes: aquello que ambas partes hubieron de transferirse mutuamente para formalizar su matrimonio.

Por lo que respecta a Ailill, el texto de la Táin es muy preciso. Lo que éste tuvo que aportar fueron tres virtudes morales que, según la propia Medb, constituían los requisitos imprescindibles para que ella aceptara casarse con él. Estos requisitos, enunciados en el texto en forma negativa, fueron los siguientes: ausencia de avaricia (neóit), ausencia de temor (omun) y ausencia de celos (ét); o lo que es lo mismo, generosidad, valentía e imparcialidad. Como veremos a continuación, la capacidad de ser justo requiere ante todo carecer de celos. Quien se ve poseído por éstos, o por la envidia, es incapaz de emitir un juicio imparcial. Sin embargo, antes de centrarnos en este importante aspecto, es preciso detenernos en el simbolismo de estas virtudes en su conjunto, las cuales encarnan a la perfección las tres funciones indoeuropeas estudiadas por Georges Dumézil en sus obras. La generosidad, rasgo característico de los productores, se encuentra estrechamente vinculada a la tercera función, la cual se ocupa de la administración de la abundancia y de la fertilidad; la valentía, requisito indispensable para los guerreros, pertenece a la segunda función, encargada de la administración de la fuerza física; finalmente, la imparcialidad, virtud a la que deben aspiran tanto los reyes como la clase intelectual que rodea a éstos (druidas, brujos, chamanes, etc.), concierne a la primera función, la cual gestiona la administración del poder, de la justicia y de lo sagrado. En definitiva, lo que Ailill hubo de aportar al matrimonio como requisito para recibir de Medb un don equivalente no fueron sino las tres virtudes regias que dentro del marco trifuncional indoeuropeo todo soberano debía poseer. Por lo demás, la necesidad de que los reyes dispusieran de este revestimiento moral ha sido señalada brillantemente por Alwyn y Brinley Rees en su obra Celtic heritage. Ancient tradition in Ireland and Wales.

Al identificar nuevos significantes comenzamos con ello a completar la estructura del intercambio que aquí nos ocupa. Sin embargo, si queremos comprender su significado en el nivel de las manifestaciones inconscientes debemos sustituir éstos por sus respectivos correlatos alegóricos y simbólicos. Como hemos visto, imparcialidad, valentía y generosidad constituían en la antigua Irlanda los atributos morales a los que debía aspirar todo monarca para convertirse en un digno delegado de las tres clases y funciones sociales. Por ello, ¿qué otra cosa sino la excelencia moral habrían de representar estas virtudes? En consecuencia, para que la mentalidad oral de la época lograra asimilar el simbolismo de la unión entre Medb y Ailill, éste último debía aparecer ante su consorte como un soberano investido de excelencia moral.

Concretado el esquema en uno de sus dos sentidos, queda aún por examinar cuál es la aportación de Medb en el sentido direccional inverso. Para ello, al igual que con Ailill, optaremos por explorar la figura simbólica de la reina de Connacht, la cual ha sido reconocida por los especialistas como una antigua divinidad de la isla estrechamente relacionada con la naturaleza, la soberanía y la fertilidad. Y, en efecto, si examinamos el relato en busca de aquello que Medb transfiere a su consorte como compensación por acudir éste al matrimonio igualmente desprovisto de celos, temor y avaricia, descubrimos un primer pasaje en el que la soberana de Connacht aparece vinculada a la función indoeuropea encargada de administrar la abundancia y la fertilidad. Éste se localiza en “La conversación sobre la almohada”, donde reencontramos a Medb exponiendo a Ailill quién detenta la soberanía de la provincia:
«Te ofrecí un acuerdo [cor] y una dote [coibchi] como corresponde a una mujer, a saber, atavíos para una docena de hombres, un carro de combate valorado en tres veces siete esclavas, el ancho de tu cara en oro rojo y el peso de tu brazo izquierdo en bronce blanco».
Lo primero que cabe resaltar de este pasaje es la posición de Medb como parte solicitante de la unión matrimonial. Ella es, en efecto, quien pide a Ailill en matrimonio, opción ésta perfectamente contemplada en los textos legales. Como solicitante, Medb debía pagar a Ailill una dote (coibche), la cual se revela significativamente generosa. Y la generosidad, como ya hemos advertido, constituye la virtud propia de la tercera función indoeuropea. Nos encontramos, pues, ante la existencia de lo que parece ser una relación simbólica entre Medb, por un lado, y la abundancia y fertilidad, por el otro. Ciertamente, la generosidad no es la única virtud que la reina de Connacht se atribuye a sí misma en la Táin. Sin embrago, sí es la única que, por lo que a Medb respecta, se encuentra en la base del intercambio que constituye su matrimonio.

Por otro lado, en el pasaje anteriormente citado volvemos a encontrar el antiguo vocablo irlandés coibche, el cual ya había aparecido en “La conversación sobre la almohada” en un sentido muy similar. La primera ocasión había sido empleado para nombrar el regalo de novia que Ailill debía entregar a Medb como condición indispensable para que ella contrajera matrimonio con él. Como hemos visto, este regalo consistía en la ausencia de celos, de temor y de avaricia. No sorprende, pues, que volvamos a encontrarlo en esta ocasión como la dote que Medb debe pagar a Ailill en compensación por el regalo de novia de éste. Esta coincidencia viene a reforzar nuestra interpretación del matrimonio regio como un intercambio en el que ambas partes habrían de transmitirse alegórica y simbólicamente aquello que debería serles más propio: la fertilidad, en el caso de Medb, y la excelencia moral, en el de Ailill.

Como confirmación, el vínculo estructural que une a Medb con la abundancia y la fertilidad haciendo de esta reina mítica el correlato simbólico de la naturaleza sacralizada de la que habría de nutrirse la sociedad irlandesa puede ser igualmente localizado en otro pasaje de la Táin. Éste, de nuevo, se localiza en “La conversación sobre la almohada”, donde Medb y Ailill hacen reunir sus riquezas con objeto de zanjar la disputa que les obliga a comparar sus posesiones para demostrar así quién posee mayor patrimonio. Uno tras otro, los bienes de cada uno de ellos van circulando ante la mirada atenta de la pareja, la cual puede comprobar que son exactamente iguales:
«Sin embargo, entre las vacas de Ailill había un toro especial. Había sido un ternero de una de las vacas de Medb, y su nombre era Findbennach. Pero consideró indigno de él ser contado como propiedad de una mujer, así que se fue y tomó lugar entre las vacas del rey».
Al igual que las riquezas que Medb tuvo que pagar a Ailill como dote matrimonial (coibche), creemos que Findbennach también representa simbólicamente la fertilidad y la abundancia. Ciertamente, su traslado voluntario desde los rebaños de Medb a los de Ailill responde al mismo esquema estructural establecido aquí como el más adecuado para representar el intercambio que se encuentra en la base del matrimonio regio entre los consortes de Connacht. Además, en una sociedad rural como la de la antigua Irlanda el ganado era considerado por sí mismo como uno de los bienes más estimados. Todo ello, por lo tanto, parece suficiente para situar a un toro como Findbennach dentro de la órbita simbólica de la tercera de las tres funciones indoeuropeas. Si aun así alguno de nuestros lectores todavía alberga dudas en este respecto, confiamos en que el texto que incorporamos a continuación habrá de disiparlas por completo. En éste se ofrece la descripción de Donn Cúailnge, el único toro en toda Irlanda que podía rivalizar con el que Ailill poseía en sus rebaños. El mismo que Medb solicitó en préstamo a su dueño, el terrateniente ulate Dáire mac Fiachna, y que éste se negó a entregar dando origen así a la incursión que se narra en la Táin. El mismo, en fin, que debía servir a Medb para equiparar sus posesiones con las de su consorte.
«He aquí algunas de las virtudes de Donn Cúailnge. Podía montar cincuenta novillas cada día. Éstas parían antes de que transcurriera un día, y aquellas que no parían reventaban con los terneros, pues no podían albergar dentro de sí una cría de Donn Cúailnge. Una de las virtudes de Donn Cúailnge era soportar sobre su lomo cada atardecer a cincuenta muchachos jugando a sus juegos. Otra de sus virtudes consistía en proteger del calor y del frío a cien guerreros bajo su sombra y cobijo [...]».
Esta descripción deja al descubierto la existencia de un vínculo simbólico entre Donn Cúailnge y la naturaleza sacralizada de la que dependía la fertilidad de los campos, las bestias y las gentes, y bajo cuya protección se levantaba la sociedad de los hombres. En consecuencia, en tanto que rival y parangón del gran toro ulate, también Findbennach debe ser asumido como representación de la fertilidad (fig. 2).

En resumen, en el intercambio que habría de formalizar el matrimonio regio entre los consortes míticos de Connacht, consideramos suficientemente demostrado que la fertilidad y la excelencia moral son precisamente los dones intercambiados. Por ello, siendo la fertilidad el atributo más representativo de la naturaleza sacralizada, y la excelencia moral el más característico de la sociedad profana, hemos de concluir forzosamente que el matrimonio regio entre Medb y Ailill simboliza en el nivel de las manifestaciones inconscientes la unión entre la naturaleza y la sociedad; o, si se prefiere, entre lo sagrado y lo profano (fig. 3).

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