domingo, 18 de septiembre de 2011

Pitágoras de Samos y el pitagorismo del siglo V a.C.

PITÁGORAS DE SAMOS Y EL PITAGORISMO DEL SIGLO V a.C.
por
Peredur

Pitágoras de Samos.

A pesar de que disponemos de varios informes sobre su persona, muy poco es lo que sabemos con certeza acerca de la vida de Pitágoras. De acuerdo con la tradición doxográfica, éste vivió durante la segunda mitad del siglo VI a.C. Nació en la isla de Samos, próxima a la costa jónica. Sin embargo, como ocurriera con Jenófanes, el exilio forzado le llevó a establecerse en el sur de la península Itálica, en la ciudad de Crotona. Aquí llegó a ejercer una gran influencia sobre la población, hasta el punto de que fundó una cofradía filosófico-religiosa. Una de las normas de esta secta o cofradía consistía en no poner por escrito el contenido de su sabiduría, lo cual nos ha impedido distinguir entre las aportaciones originales de su fundador y las de sus discípulos. Como consecuencia, hablar de Pitágoras es hablar necesariamente de sus seguidores y del movimiento filosófico-religioso por él fundado: el pitagorismo.

El pitagorismo del siglo V a.C.

Durante el siglo V a.C. el pitagorismo se diversificó en dos ramas, a saber, la religiosa y la filosófica, cada una de las cuales hubo de seguir una de las dos líneas maestras del pensamiento de su fundador.

Los acusmáticos y el pitagorismo religioso.

El grupo de los acusmáticos estaba integrado por los seguidores del maestro que decidieron adoptar el pitagorismo exclusivamente como un modo de vida religiosa. Su nombre proviene de la palabra griega ácusmata, que significa “cosas oídas”, lo cual implica que seguían una enseñanza de transmisión oral. Así, a los iniciados en esta cofradía se les exigía posiblemente que memorizasen estos ácusmata en tanto que máximas religiosas que habrían de guiar sus vidas hacia la salvación de sus almas. Por lo general, estos ácusmata nos hablan de reglas de abstinencia, como, por ejemplo, no comer habas. Ahora bien, su significado, que en la gran mayoría de los casos es completamente esotérico, se nos escapa. Una lectura e interpretación del sistema religioso de esta escuela puede ser consultada en la sugerente obra de Marcel Detienne Los jardines de Adonis.

Los matemáticos y el pitagorismo filosófico. Contemplación, armonía y purificación. El mundo es número y harmonía.

En el grupo formado por los matemáticos reconocemos a los pitagóricos que combinaron la doctrina de salvación de su maestro con la especulación filosófica. Tres son las nociones fundamentales que dan coherencia al pensamiento de este grupo: la contemplación (theoría), la armonía (harmonía) y la purificación del alma (kátharsis), pues, como vamos a ver a continuación, para éstos, sólo a través de la contemplación de la armonía del universo y asemejándose a ella el hombre podía purificarse y escapar del ciclo de reencarnaciones al que se encontraba sometida su alma, adquiriendo así la inmortalidad.
Por un lado, los pitagóricos matemáticos consideraban que el kósmos era todo él número y harmonía. Número, pues parece que éstos identificaban cada una de las unidades físicas indivisibles con el punto geométrico, y éste, a su vez, con la unidad aritmética. Y harmonía, porque en el kósmos podía constatarse la existencia de un orden matemático. Por poner un ejemplo, para éstos pitagóricos las velocidades y distancias de los cuerpos celestes se ordenaban conforme a una armonía matemática denominada por ellos la armonía de las esferas. Es muy posible que el estudio de la música fuera la vía que les condujo a concebir el mundo como número y armonía, pues, en efecto, parece que ya Pitágoras había podido constatar que los acordes musicales podían ser expresados como relaciones entre los cuatro primeros números. Así, la relación 2:1 expresa una octava, la relación 3:2 una quinta y la relación 4:3 una cuarta. Estos cuatro números, cuya suma total da como resultado la década (1 + 2 + 3 + 4 = 10), eran conocidos en su conjunto como la tetractýs, y ésta, qué duda cabe, era para ellos el símbolo de la armonía del kósmos. Por otro lado, la tradición doxográfica no duda en atribuir a Pitágoras y sus seguidores la doctrina de la inmortalidad del alma y su sometimiento a sucesivos e indefinidos ciclos de reencarnaciones. Por ello, para escapar de este proceso y alcanzar la inmortalidad en la Islas de los Bienaventurados, los pitagóricos debían entregarse a la contemplación de la armonía del kósmos, pues sólo asemejándose a ésta sus almas podrían alcanzar la purificación liberándose de toda reencarnación ulterior.

Textos
«Aristóteles dice, en su obra sobre los Pitagóricos, que Pitágoras prescribió la abstención de habas, o porque eran parecidas a las partes pudendas, o porque se parecían a las puertas del Hades (pues ésta es la única planta que no tiene ángulos), o porque son destructoras, o porque son similares a la naturaleza del universo, o porque son oligárquicas (pues se usan en la elección de los gobernantes a sorteo). Se les prohibía recoger la comida caída de la mesa para acostumbrarles a comer con moderación, o porque tales hechos indicaban la muerte de alguien. [...] No deben tocar a un gallo blanco, porque este animal está consagrado al Mes y es un suplicante y la súplica es una buena cosa. El gallo está consagrado al Mes, porque anuncia las horas; también lo blanco es de la naturaleza de lo bueno y lo negro de la naturaleza de lo malo. No debían tocar peces que estuvieran consagrados, porque no era correcto que a los dioses se sirvieran los mismos platos que a los hombres, como tampoco se hacía entre los hombres libres y los esclavos. No debían quebrar el pan (porque, sobre un pan, se encontraban los amigos en los tiempos antiguos, como todavía hoy hacen los bárbaros), ni tampoco deben dividir el pan que les une. Otros explican la norma, por referencia al juicio en el Hades. Otros dicen que la división causaría cobardía en la guerra; otros dan la explicación de que del pan comienza el universo» [Diogenes Laercio, Vida y opiniones de los filósofos más ilustres, VIII 34-35].
«También los pitagóricos creen en una sola clase de número ─el matemático─; sólo que dicen que no está separado, sino que de él se componen las sustancias sensibles. Pues construyen todo el universo a base de números ─y creen que éstos no se componen de unidades abstractas; sino que suponen que las unidades tienen magnitud espacial» [Aristóteles, Metafísica, 1080 b 16].
«¿Qué es el Oráculo de Delfos?: la tetractýs: que es la harmonía en la que cantan las sirenas. [...]. ¿Qué es lo más hermoso? la Harmonía» [Jámblico, Vida de Pitágoras, 82].

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