jueves, 11 de agosto de 2011

Los árboles y las aguas sagradas como fuentes simbólicas de la sabiduría druídica

LOS ÁRBOLES Y LAS AGUAS SAGRADAS COMO FUENTES SIMBÓLICAS DE LA SABIDURÍA DRUÍDICA
por
Peredur

La creencia céltica en la naturaleza sagrada de los bosques no es en absoluto desconocida. ¡Ha sido tanto lo que se ha escrito en este respecto! Sin embargo, más allá de los tópicos, no conviene mitigar su importancia, pues en ella parecen residir buena parte de las vías que regulan el acceso a las estructuras míticas que conforman el antiguo pensamiento céltico irlandés.

En efecto, los irlandeses siempre mostraron gran estima hacia sus bosques, pues, de lo contrario, jamás habrían concebido los diversos reinos que conformaban el Otro Mundo de la manera como aparecen reflejados en algunos de los relatos más famosos de la isla. En uno de éstos, conocido como La postración de Cú Chulainn, el reino feérico donde se extiende La Llanura del Placer (Mag Mell) aparece descrito como una región donde crecen ciertos árboles que no cesan de dar frutos:
“Hay tres veces veinte árboles: encuentros que no son encuentros, los de sus copas; de cada árbol comen trescientos, de sus abundantes frutos [mes ilarda] sin cáscara”.
Y entre todos estos, un bello árbol de plata, símbolo inequívoco de la abundancia:
“Hay un árbol [crand] en la puerta del cercado: no es feo, antes armonioso; árbol de plata [crand airgit] sobre el que brilla el sol como sobre oro acendradísimo”.
Un árbol similar a éste, probablemente un manzano, puede ser igualmente localizado en la descripción del Otro Mundo que aparece en La navegación de Bran, donde el término irlandés empleado, bile (árbol anciano y venerado), no deja ninguna duda respecto a su naturaleza sagrada:
“Había allí un anciano árbol [bile] en flor, sobre el que los pájaros trinaban las horas”.
El mismo exactamente de donde provenía la rama de manzano con brotes de plata que le es mostrada a Bran como prueba del esplendor y la fertilidad del reino feérico de donde fue traída. Por ello, si atendemos a todas estas referencias, no cabe duda de que nos encontramos ante una antigua creencia según la cual el Otro Mundo era concebido como una región donde la fertilidad, reflejada en la abundancia de sus árboles y bosques, contribuía a reforzar la idea de que allí la sociedad y la naturaleza convivían en perfecta armonía.

Que los bosques eran tenidos por los irlandeses como lugares sagrados se encuentra perfectamente constatado por la proximidad etimológica existente entre las voces irlandesas noíb (sagrado), neimed (santuario, lugar sagrado), y el galo nemeton (claro del bosque). Sabemos que los druidas se reunían en estos lugares para debatir entre ellos y enseñar su doctrina a sus discípulos. Por ello, en tanto que mediadores en el inevitable conflicto que conllevaba integrar a la sociedad en el conjunto sagrado de la naturaleza, los miembros de la clase intelectual druídica aparecen retratados en los manuscritos irlandeses como los portadores de un tipo concreto de palabra cuyo poder y legitimidad parecen proceder simbólicamente de las regiones arbóreas. En caso contrario, por qué habría Sencha de recurrir a su famosa rama de bronce para aplacar los ánimos durante las disputas internas de los ulates sino para poder así hacer uso de su palabra en tanto que representante de lo sagrado:
“Se levantó Sencha mac Ailella y agito su rama [craíb] pacificadora hasta que hubo silencio y mutismo entre los ulates”.
De hecho, ya nos situemos en la Antigua Grecia o en la Irlanda pagana, el empleo de cetros, báculos, ramas o varas procedentes de determinados árboles se encuentra justificado, dentro de las estructuras que conforman el pensamiento mítico, por su utilidad para mostrar simbólicamente la relación que une a su portador con lo sagrado; de ahí que en ocasiones estén hechas de metales preciosos, símbolo éstos de la abundancia. En este respecto, uno de los mejores ejemplos del vínculo que une la sabiduría druídica con la naturaleza sagrada de los bosques puede ser localizado en la descripción de la recolección del muérdago que aparece en la Historia natural de Plinio el Viejo:
“Los druidas, pues así llaman [los galos] a sus magos, consideran el muérdago y el árbol que en él se engendra –al que suponen siempre ser un roble– por lo más sagrado [...], y tienen por cierto que hace fértil a cualquier animal estéril que lo beba, pues es remedio contra todos los venenos”.
En efecto, el muérdago es una planta parasitaria que sólo sobrevive gracias a la savia que extrae de los árboles sobre los que crece y de los cuales se nutre. Su favorito, no obstante, no es precisamente el roble, sino el manzano, dato éste que no influye para nada en el significado de la recolección que Plinio describe, pues lo verdaderamente importante de ésta es la naturaleza voraz del muérdago, compañero inseparable de algunos de los árboles que los celtas siempre consideraron sagrados y de los cuales extrae su fuerza vital (níab en antiguo irlandes; de hecho, tal y como nos recuerda Emile Benveniste, “el irlandes noib, “sacersantus”, de *noibo-, está en alternancia vocálica con *neibo-, que ha dado el sustantivo niab, “fuerza vital”). Por todo ello, es muy posible que el motivo por el cual los druidas empleaban el muérdago no se encontrara muy alejado de la cualidad simbólica que poseía esta planta para ilustrar la naturaleza y la procedencia de la sabiduría druídica.

Por lo que se refiere al escenario irlandés, la antigua literatura de la isla es perfectamente nítida cuando hace del árbol y las aguas sagradas fuentes simbólicas de la sabiduría de los druidas. Así sucede, sin ir más lejos, en una de las numerosas y breves composiciones topográficas conocidas como dindshenchas, la cual se ocupa del río Shannon. En ésta, tal y como puede advertirse en la traducción que ofrecemos a continuación, los árboles y las aguas sagradas conforman en la descripción del Pozo de Connla la imagen mítica del lugar donde reside el conocimiento que caracteriza la sabiduría de los poetas y druidas. Veamosla:
“Sined, la hija de Lodan Lucharglan meic Lir [...] quiso contemplar el Pozo de Connla [Tiprait Connla], el cual se halla bajo las aguas; una cascada [tipra] donde se encuentran los avellanos [cuill] y la fuente de la sabiduría [heicsi], esto es, los avellanos de las artes poéticas [cuill crinmoind aiusa], cuyos frutos, flores y brotes maduran todos a un tiempo y caen junto con el agua hasta alcanzar el fondo, donde forman burbujas de púrpura real. Es entonces cuando el salmón mastica los frutos hasta que el jugo de las avellanas comienza a advertirse sobre su rojo vientre”.
Además, continúa el texto:
“Siete arroyuelos de sabiduría [secht srotha éicsi] surgen [del pozo] para regresar allí de nuevo”.
Por lo tanto, tal y como aparece en el texto que acabamos de citar, los avellanos que se nutren de las aguas sagradas del pozo, así como sus frutos, vendrían a funcionar simbólicamente como fuentes de la sabiduría druídica; lo que explicaría por qué el salmón, el cual se encuentra vinculado a este tipo de pozos y nacimientos de agua, suele aparecer en los relatos irlandeses como el transmisor que regala tan preciados conocimientos a quien, por fortuna, como el gran héroe Finn, termina por apresarlo y consumirlo.

The voyage of Bran, editado y traducido por Kuno Meyer.

1 comentario:

  1. Hace tiempo leí algo muy interesante sobre el significado de los diferentes árboles para los celtas, y su identificación con el ser humano y como símbolo del cosmos.
    Sin duda, la mitología de la Irlanda pagana y su concepción animista es una de las más hermosas. Es muy curioso el papel que se da a la poesía y a la inspiración poética dentro de la sabiduría...
    Buena entrada!

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