jueves, 18 de agosto de 2011

Anaxímenes de Mileto

ANAXÍMENES DE MILETO
por
Peredur

El tercero de los grandes físicos milesios es Anaxímenes. Apenas sabemos nada de su vida, y lo poco que sabemos se encuentra envuelto en la conjetura. Parece que fue una generación más joven que Anaximandro, lo cual situaría su actividad intelectual en la parte central del siglo VI a.C. Anaxímenes parece aceptar las razones por las cuales Anaximandro había rechazado el agua de Tales como arché. En efecto, el agua es una sustancia demasiado particular y determinada como para provenir de ella el resto de sustancias que componen el mundo, las cuales son muy distintas de aquélla. Sin embargo, Anaxímenes tampoco puede aceptar lo indeterminado como origen y fundamento, pues lo ápeiron de Anaximandro no guarda ninguna relación con cualesquiera de las sustancias de las que tenemos experiencia directa a través de los sentidos. Se requiere, por lo tanto, algo intermedio, una sustancia lo suficientemente universal e indeterminada como para engendrar las otras, y, al mismo tiempo, que pueda ser constatada por la experiencia. Para Anaxímenes esta sustancia es el aire, pues, aunque invisible e indeterminado, puede ser percibido por los sentidos. Al igual que lo ápeiron, el aire es considerado como una sustancia infinita o ilimitada, mas no ya indefinida. De su condensación o rarefacción proceden todas las demás cosas existentes. La rarefacción del aire le hace manifestarse como fuego, mientras que la condensación lo muestra progresivamente como viento, nube, lluvia, tierra y piedra. Para Anaxímenes, el aire infinito es divino. Éste, al igual que el alma humana de la tradición popular, es aliento de vida, de manera que gobierna y mueve el mundo.

Textos
«Anaxímenes de Mileto, hijo de Eurístrato, compañero de Anaximandro, dice, como éste, que la naturaleza sustante es una e infinita, más no indefinida, como él, sino definida y la llama aire; se distingue en su naturaleza sustancial por rarefacción y condensación. Al hacerse más sutil se convierte en fuego, y en viento si se densifica más, a continuación en nube; si se condensa más se convierte en agua, luego en tierra, después en piedras y el resto de los seres surgen de estas sustancias» [Simplicio, Física, 24, 26].
«Y así como nuestra alma, que es aire, dice, nos mantiene unidos, de la misma manera el viento [o aliento] envuelve a todo el mundo» [Aecio, I 3-4].

El aire como arché

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